Todo esta movida sólo tiene una intención muy programada, y es ir a un cambio de sociedad y familia.
Aunque dicen que nunca segundas partes fueron buenas, yo quiero exponer una segunda de mi articulo anterior "Como mi matrimonio, no". No con la pretensión ni de que el primero ni el segundo sean buenos, malos o regular. Simplemente por decir mi pensamiento y sentimiento en torno a este batiburrillo que se está montando para hacernos a todos pasar por el aro de la imposición de una minoria ante una gran mayoría que nos ceñimos a la racionalidad.
Todo esta movida sólo tiene una intención muy programada, y es ir a un cambio de sociedad y familia. Mucho me temo que, como el gobierno y los jueces no sean sensibles y a la vez fuertes ante tal dislate, iremos todos a la deriva. Viendo hace unos días a Monseñor Martínez Camino en un canal de TV fue cuando sentí la necesidad de escribir estas lineas.
Empiezo mi análisis: en primer lugar están los niños, el tema de la adopción. A la sociedad se le llena la boca en presumir con la defensa del menor -hipocresía pura y dura- ¿.Alguien le ha preguntado al niño si quiere prescindir de la figura materna o paterna a las cuales tiene derecho, y en su lugar tener dos mamás o dos papás?¿Verdad que no? No podemos robarle al niño ese derecho natural.
En segundo lugar, ante la imposibilidad que el niño pueda llamarlos papá y mamá, al ser ambos del mismo sexo, pues -café para todos-, sustituimos padre y madre por progenitor A y progenitor B. En esa definición intentan que entremos también los heteros ¿es o no de locos?
Voy a imaginar una situación con estas definiciones: "niño, dile a tu progenitor A de parte de tu progenitor B que la comida está en la mesa". Me suena a ecuación con una incógnita pero yo ya encontré la misma, se llama sentido común, que es el que se ha perdido desgraciadamente.
Al final yo también he resuelto quien soy. Soy hija de mi padre y de mi madre, fui novia de mi novio, ahora mujer y esposa de mi marido y esposo, madre de mis hijas, abuela de mis nietos y suegra de mis yernos. ¡Uf! ¡Qué tranquilidad ante tanto disparate me había perdido! Pero no, ¡ya me encontré!
