Mientras tanto, y por si acaso, en mi nacimiento permanecerán el buey (con un solo cuerno) y la mula (a la que le falta una oreja). Siguen siendo tan dignos como siempre.
Entre el montón de pensamientos que nos envía a diario la Iglesia Católica por medio del Papa, los obispos, los sacerdotes y cuantos de alguna manera intentamos captar lo que Jesús de Nazaret nos transmite a través de los “signos de los tiempos”, siempre nos quedamos con la anécdota intrascendente y que menos nos hace pensar, olvidando sobre todo, aquello que puede hacernos cambiar nuestros hábitos o comportamientos.
En este caso la “hecatombe total”, el Apocalipsis, el motivo de la atención de todo el mundo, se centra en la lectura parcial del libro del Papa sobre la “Infancia de Jesús”. El libro en cuestión recoge la siguiente frase: En el evangelio no se habla de animales en el lugar donde nació Jesús, pero tratándose de un pesebre, el lugar donde comían los animales, la iconografía cristiana captó muy pronto ese motivo y colmó esa laguna”.
Una opinión más, aunque supongo que bastante meditada por quién tiene la obligación de hacerlo antes de pronunciarse, que refleja una rigurosidad muy a la “alemana”. Dice que “no se habla”, no que no hubiera, aunque se pueda suponer.
Pero con la que está cayendo, creo que nos debemos fijar más en el testamento de Jesús: “amaos los unos a los otros” que en buscarle los tres pies al gato, mientras que en Israel se están matando a bombazos entre la indiferencia casi total. El libro dice cosas mucho más importantes, que tiene mucho más que ver con la fe que intentamos profesar, que un detalle anecdótico que deriva de la tradición.
Mi “buena noticia” de hoy, se basa en que Jesús nació en un humilde pesebre, tan pobre que quizás no tenía animales por falta de medios, que Él permanecerá con nosotros hasta el final de los tiempos, especialmente al lado de los que “no tienen ni donde recostar la cabeza”. Esos miles de desahuciados de sus viviendas por un sistema ladino y embaucador entienden mucho mejor la figura de la Sagrada Familia en busca de un lugar para resguardarse. A estos son a los que tenemos que facilitarles un lugar donde vivir. Aunque sea sin animales.
Mientras tanto, y por si acaso, en mi nacimiento permanecerán el buey (con un solo cuerno) y la mula (a la que le falta una oreja). Siguen siendo tan dignos como siempre.
