Miles de asuntos se acumulan en las agendas de los mandatarios de la Tierra. Sólo hay que echar una mirada a este momento convulso de la humanidad, una mirada desapasionada, objetiva.

Una bomba oportuna

Cuando Israel y Hamas estaban a punto de firmar un casi definitivo alto el fuego estalla una bomba en Tel Aviv que produce veinte heridos graves y, lógicamente, una gran conmoción en el estado judio. ¿Se pretende envenenar los ánimos para que la guerra continúe? La “oportunidad” del estallido parece indicarlo así. Mientras escribo oigo por la radio crónicas de diferentes corresponsales. Alguno de ellos apunta en ese sentido. Por otra parte, la Cope y Radio Nacional, casi a la misma hora del atentado, emiten un mensaje del Papa pidiendo un definitivo alto el fuego. No sé si otros jefes de Estado han hecho lo mismo. No he oído a ninguno.

Miles de asuntos se acumulan en las agendas de los mandatarios de la Tierra. Sólo hay que echar una mirada a este momento convulso de la humanidad, una mirada desapasionada, objetiva. Posiblemente sea eso – la acumulación de problemas- lo que les impide monopolizar su atención. Sin embargo, miles de especialistas de las más diversas tendencias y pelajes convergen en que, muy posiblemente, sea este punto caliente de la geopolítica la que puede llevarnos a una catástrofe universal de resultados imprevisibles. Quienes hayan colocado esa bomba en Tel Aviv lo saben sin duda. Y, curiosamente, no ha sido la acción de un fanático suicida sino un atentado técnicamente perfecto y perfectamente manejado a distancia. Algunos, aquí en occidente, gritan a favor de la justicia luciendo el clásico pañuelo palestino. Por justicia, debe entenderse la desaparición de Israel y la entrega de toda la tierra a sus legítimos dueños, los árabes, que la habitaban antes de la llegada judía en el 47. Han pasado muchos años.

Tradicionalmente y por desgracia, es la muerte y la sangre quienes sellan las fronteras de los estados, el entorno de las naciones. Los especialistas que observan la situación con el máximo interés y creciente preocupación, no dudan en aconsejar un acuerdo a favor de la paz definitiva que lleve a la colaboración entre palestinos e israelíes; dos estados soberanos independientes y limítrofes. Todo lo demás es ciencia ficción, casi una película de buenos y malos. Y, con toda seguridad, propiciar la actividad de colocadores de bombas oportunas y técnicamente perfectas.