Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo, le pedimos al Señor cuando rezamos el Padrenuestro. ¿En qué consiste la voluntad de Dios?

La voluntad de Dios

Al comienzo de su actividad pública, Jesús predica diciendo a la gente: «Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios: arrepentíos y creed la buena noticia» (Mc 1,15). 

Dios quiere que nos volvamos a Él, que creamos en el Evangelio, que vivamos nuestra vida, con Él, como nuestro Rey y Señor.

Para ello es importante darnos cuenta de que nada ni nadie puede impedirnos procurar realizar la voluntad de Dios cada día, si mantenemos nuestra fe-esperanza-caridad firmes en Dios y si procuramos que Dios sea verdaderamente nuestro Dios y no damos cabida a la coexistencia con otros dioses, presentes en nuestro entorno, como son el poder, las riquezas, las diversas formas de adicciones, etc.

Por medio de Jesús caminamos hacia el Padre, con la ayuda del Espíritu Santo, que nos guía hasta la verdad plena (Ver Jn 16, 13).

San Pablo nos recomienda cómo debemos vivir los cristianos para hacernos aceptables ante Dios: «No os ajustéis a este mundo, antes transformaos con una mentalidad nueva, para discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno y aceptable y perfecto» (Rom 12, 2). Y, en la misma carta, un poco más adelante concluye: «No te dejes vencer por el mal, antes vence con el bien el mal» (Rom 12, 21). Porque le es fácil, a la debilidad humana, dejarse contagiar por el mal, en concreto cuando nos descuidamos en mantener y fortalecer la auténtica relación con Dios.

Además, vivimos en una sociedad que aprueba y refuerza comportamientos que no se ajustan a la voluntad Divina sino a deseos "inmundos", como relata san Pablo en la carta a los Romanos 1, 19-32.

Sin embargo, nosotros estamos llamados a revestirnos del Señor Jesucristo y no a satisfacer los deseos del instinto (Ver Rom 13, 14).

La voluntad de Dios es que todas las personas humanas se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (Ver 1 Tim 2, 4).

Y, en definitiva, la voluntad de Dios la resume san Pablo diciendo: «Ésta es la voluntad de Dios: que seáis santos» (1 Tes 4, 3 ).