Llamar a Dios padre no es patrimonio exclusivo de los católicos. Muchas religiones lo invocan así, aunque no en el mismo sentido que nosotros.
Cuando llamamos a Dios padre, desde el lenguaje de la fe, estamos indicando dos aspectos: que Dios es origen de todo y autoridad, y que es al mismo tiempo bondad y amor para sus hijos. «Esta ternura paternal de Dios puede ser expresada también mediante la imagen de la maternidad que indica más expresivamente la intimidad entre Dios y su criatura. El lenguaje de la fe se sirve así de la experiencia humana de los padres que son en cierta manera los primeros representantes de Dios para el hombre. Pero esta experiencia dice también que los padres humanos son falibles y que pueden desfigurar la imagen de la paternidad y de la maternidad. Conviene recordar, entonces, que Dios trasciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios».
«Dios es Padre todopoderoso. Su paternidad y su poder se esclarecen mutuamente. Muestra su omnipotencia paternal por la manera como cuida de nuestras necesidades, por la adopción filial que nos da ("Yo seré para vosotros padre y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso", 2Co 6,18)» y por su misericordia y poder en el más alto grado perdonándonos libremente los pecados. (Artículos 232-267; 270 CIC)
