En los primeros tiempos del cristianismo los forasteros que llegaban a una comunidad de creyentes, se dirigían a ellos como “santos de…”.

Ésos que están vestidos con vestiduras blancas

Esta mañana me ha sorprendido el escuchar de una voz femenina la lectura del Apocalipsis. Una especie de lucecita se ha encendido en mi mente. Los cristianos de a pie somos poco propensos a adentrarnos en la lectura e interpretación del último libro del Nuevo Testamento. Creo que es complicado y difícil de entender.

Sin embargo, hoy me ha dado luz. Sobre todo complementándolo con la lectura de la bienaventuranzas. Está claro que los de las vestiduras blancas son aquellos que ya se encuentran incluidos entre la nómina de los bienaventurados. A ese estadio se accede viviendo las obras de misericordia.

Unos, los menos, son bienaventurados en vida; otros, la mayoría, una vez abandonan este mundo nuestro que es, desde el principio de los tiempos, una especie de purgatorio. Como verán, soy un desastre como exegeta. Tampoco lo pretendo. Pero me agrada transmitir mis sentimientos a fin de estimular el pensamiento de los demás. 

Llegado a estas conclusiones, entiendo como en los primeros tiempos del cristianismo los forasteros que llegaban a una comunidad de creyentes, se dirigían a ellos como “santos de…”. También considero que el Día de Todos los Santos es el día de tantos y tantos seres humanos, con vidas fáciles o difíciles, pero que siempre han intentado seguir el camino del Evangelio; ellos se encuentran hoy entre “esos que están vestidos de vestiduras blancas”.

Ahí caben mis padres, mi maestro D. Francisco Quero, el Padre Paco, el Petesa, Antonio Checa, María Tapia, Rafael Linares, Rafalito Pedrosa, mi republicano suegro Victorino, Elisa Escobar, el Yeto, y tantos y tantos hombres y mujeres de buena voluntad que me han precedido e iluminado en el camino de la fe y la felicidad que discurre por las calles de las obras de misericordia.

A todos ellos y a los que están recogidos en el Santoral, dirijo hoy mi plegaria para que intercedan por este mundo que no es feliz.