Llaman la atención las declaraciones de un sindicalista andaluz, adscrito a Izquierda Unida, sobre “Cáritas”. Dice, más o menos, que se trata de una “mafia” (textual) que aprovecha las necesidades de la gente para adoctrinarlas.

Cáritas "mafia"

Con mayor o menor tibieza según ideología, los medios han reaccionado en contra de semejante barbaridad. Algunos se han limitado a ignorarla. No creo que merezca la pena el más pequeño comentario. Se trata de algo que lleva en sí mismo su propio desmentido. Cualquier beneficiario de Caritas lo sabe. Y son muchos miles. Hay algo que, sin embargo, llama la atención; el tradicional y permanente ataque de la izquierda radical contra la Iglesia y cualquiera de sus actividades. ¿Por qué? Creo que procede de la ignorancia.

Por ejemplo, de la diferencia existente entre dar testimonio del Evangelio, evangelizar, y “adoctrinar”. Otra cosa; el mismo autoreconocimiento, eso que la izquierda llama “toma de conciencia de clase”, no existiría sin los valores humanos que el cristianismo sembró desde su nacimiento. Es cierto que tardó siglos en manifestarse. También lo es que hizo falta un revulsivo como la Revolución Francesa para que, en pocos años, apareciera el “Manifiesto Comunista”, pero ni la Revolución ni el manifiesto hubieran visto la luz sin el cristianismo.

Ya sé que a estas alturas de la historia occidental, cuando parece que ya todo está vivido y manoseado, resulta difícil la reflexión. Vivir es pasar el día a día a la búsqueda del siguiente acontecimiento que rompa el hastío. El hombre y la mujer actuales viven una etapa de superficialidad insuperable. Lo da el ambiente y el horizonte. Pensar se ha convertido en un ejercicio duro y, en cierta medida, hasta peligroso.