Se han ahogado cuando trataban de alcanzar, en plena nocturnidad, una tierra en la que, según dicen, se come tres veces todos los días. Una barbaridad.

Gritos

Esta semana ha dejado abarrotadas las primeras páginas de los periódicos y noticiarios audiovisuales del mundo occidental. Todos han cubierto hasta los bordes nuestros centros de interés. Deportes a un tercio longitudinal de primera página; la política, sus barruntos, encuestas, opiniones socioeconómicas y consecuencias varias hasta la saciedad. ¡Ah! Claro, y anuncios de “puentes” festivos, fines de semana con coyunturas de calendario que dan lugar a prolongaciones especiales… Poco más.

En medio, en los “faldones”, o espacios interiores, sólo en ellos, se deja sentir un grito que proviene de nuestras propias fronteras; de donde comienza eso conocido como tercer mundo. Aproximadamente unos veinte emigrantes clandestinos han dejado la vida en aguas del Estrecho. Venían de ese lugar indefinido al que tratamos de encubrir bajo una especie de seudónimo llamado África Subsahariana. La inmensa mayoría de los occidentales no sabemos siquiera cuantos países, naciones- ¿patrias quizá?- componen esa denominación. Sólo que está en alguna parte del universo donde la gente come poco y muere pronto. Se han ahogado cuando trataban de alcanzar, en plena nocturnidad, una tierra en la que, según dicen, se come tres veces todos los días. Una barbaridad. Han muerto porque el Estrecho, cuando se pone bronco, no respeta nada. Han muerto cuando querían algo tan anodino como comer a diario. No habían hecho nada más. Eran clandestinos por cuestión de nacimiento. O sea, por motivos geográficos. Sólo por eso. Nacer en un determinado lugar del mundo lleva consigo la pena de muerte por intentar comer tres veces al día.

He recordado las palabras del Señor: “Venid benditos porque tuve hambre y me distéis de comer…” El Señor Jesús no enseñó nada sobre patrias ni geografías. Dijo, escuetamente, que son benditos aquellos que dan de comer al que tiene hambre, ¿ Qué dirá ahora cuando muchos hambrientos mueren por atreverse a salir del espacio geográfico que le hemos adjudicado los que comemos todos los días?