Se pregunta Mariló Montero sobre la posibilidad de que en un trasplante de órganos pueda incluirse el alma junto al órgano transferido.

El alma

Mariló Montero, la célebre presentadora, ha escrito un artículo sobre, nada menos, que el alma. Se pregunta la periodista –y aporta dudas razonables- sobre la posibilidad de que en un trasplante de órganos pueda incluirse el alma junto al órgano transferido. Algunas personas de fuerte sensibilidad critican a Mariló su, digamos, falta de respeto al tratar un asunto tan delicado.

La verdad es que a estas alturas del pensamiento, volver sobre el gran misterio del ser humano resulta al menos reiterativo. ¿Existe el alma? ¿Hay algún sitio en el cuerpo donde resida? Quizá habría que preguntarlo de otra manera: ¿Dónde habita el Amor? O, con mas precisión ¿existe el Amor? Porque si existe, si está ahí –si alienta en alguna parte- en donde sea debe habitar. Esta época, fundamentalmente materialista tiene tendencia a burlarse de todo lo que no es capaz de aclarar. Y sucede que en el ámbito de lo inexplicable pero existente, hay muchas más cosas sin explicación que con ella. No sé por qué saltan mis lágrimas cuando alguien afirma que me quiere, ¿Egoísmo? En cualquier caso más allá de “mi”, en los linderos de mi propio ser, hay realidades por las que estaría dispuesto a dar la vida.

El Alma. No, no tiene explicación pero está ahí ¡Ah! Y no es transferible. Por el contrario, resulta definitoria. Este siglo más grotesco que realista, cree que lo sabe todo. Es una creencia heredada del diecinueve. No sé por qué me viene a la mente un poema del escritor Joaquín María Baltrina: «Cuando exclamo “todo lo sé”, siento aquí, en mi interior, dentro del pecho, un algo, un no sé qué». 

Ese “no se qué” imposible de analizar no es química, como quieren algunos. Es algo imposible de analizar y que siempre formará parte del gran misterio humano. Y, desde luego, no es trasplantable.