La primera afirmación del Credo es también la más fundamental: "Creo en Dios". Todos los artículos del símbolo de la fe dependen del primero al igual que todos los mandamientos son explicaciones del primero de ellos.
Creemos en un solo Dios que se reveló como el Único: "Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza" (Dt 6, 4-5). Por eso, el catecismo nos recuerda que la "fe en Dios nos mueve a volvernos sólo a Él como a nuestro primer origen y nuestro fin último; y a no preferirle a nada ni sustituirle con nada".
Y ¿cómo es Dios? ¿Qué podemos saber de Él? A pesar de que sigue siendo un "Misterio inefable", es decir, que no se puede explicar con palabras, el Dios de nuestra fe se ha revelado como "El que es" –Él es la plenitud del ser y todas las criaturas hemos recibido de Él todo nuestro ser– y como "rico en amor y fidelidad".
Creer en el Dios Único tiene unas consecuencias prácticas en nuestra vida como "vivir en acción de gracias", "reconocer la dignidad de todos los hombres que han sido hechos a imagen y semejanza de Dios","usar bien las cosas creadas" y "confiar en Él en todas circunstancias, incluso en la adversidad". (Artículos 199-231 del CIC)
