El mundo se divide cada vez con más fuerza en dos hemisferios no señalados por la geografía o las costumbres, sino por el odio.
España ha entrado en la red occidental de “escudos antimisiles”. En realidad el hecho ha pasado prácticamente desapercibido para el gran público, preocupado por otras cosas más inmediatas y perentorias. Al fin y al cabo, para la mayoría de los occidentales, occidente no deja de ser más que un concepto.
En compañía de algunos amigos, dados al chismorreo periodístico, hemos llevado a cabo una curiosa encuesta más orientativa que científica, claro, y el resultado ha sido decepcionante: ¿Qué es el escudo? ¿Qué significa? ¿A quién tiene que escudar? ¿Por qué? ¡Nada! Bueno, pues digamos sencillamente, que se trata de una cobertura de fuego nuclear que está dispuesto, a punto, para responder al más pequeño intento de agresión procedente de la otra parte del mundo. La explicación es de una pasmosa sencillez. Occidente tiene mucho que defender. Su riqueza, sobre todo, cultural, sus relaciones…
Y, sin embargo, con todo, y aunque parezca una broma, no es eso lo más importante de occidente. Desde luego, es lo más vistoso y llamativo pero, sin duda, ha sido la concepción de la persona humana lo que ha hecho posible todo lo demás. Fue el Evangelio y la cultura dimanante de él lo que desarrolló una cultura nueva; la del hombre, centro y referencia moral de todas las cosas. La importancia que la nueva cultura concedió a la persona logró, poco a poco, trocar la dimensión del hombre en algo nuevo, el ser más digno de la creación. Y, de ahí, por pura aberración egoísta surgió el individualismo egoísta.
Efectivamente, hemos entrado en la defensa de occidente. Ya estamos más protegidos. Pero cientos de países del mundo, africanos especialmente, tienen a sus madres exhaustas, incapaces de alimentar a sus niños, mientras sus ministerios de defensa gastan poco más del setenta por ciento de su producto interior bruto en mantener ejércitos perfectamente equipados, listos para entrar en combate al primer toque de trompeta.
El mundo se divide cada vez con más fuerza en dos hemisferios no señalados por la geografía o las costumbres, sino por el odio. En fin, hemos entrado en el escudo protector occidental. ¡Ya estamos más seguros¡ ¿Cuánto cuesta eso?
