Ante las inclemencias que producen desgracias, ante los problemas derivados de las inundaciones, lo mejor del ser humano sale a flote en forma de solidaridad.

Agua

El agua es un elemento que es definido –creo que acertadamente- como el preciado líquido. Es signo de vida y fuente de la misma. Como todas las cosas importantes es primaria y sencilla. Dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno integran la fórmula magistral de la mayor parte del cuerpo humano y por extensión de los componentes de nuestro viejo mundo.

Mientras se la trata con cariño responde adecuadamente; cuando se invade su camino, cuando se desprecia su fuerza, cuando nos metemos en su territorio, se revuelve con furia y se convierte en un ser terrible.

Los pueblos antiguos la trataban con el respeto debido: no la agredían ni la domesticaban en exceso, la usaban pero no abusaban de ella, respetaban su territorio y construían lo suficientemente lejos de ella para no importunar nunca su paso.

Como siempre, la humanidad se ha excedido de sus posibilidades y su prepotencia la pagamos con dolor. Caballeros en nuestros carros de metal, atrincherados en nuestros castillos de papel, año tras año, épocas de lluvias tras veranos al sol, con las rieras llenas de desechos cuando no de edificaciones, vemos de pronto, con estupor, que los elementos, a veces, nos siguen dominando.

Ante las inclemencias que producen desgracias, ante los problemas derivados de las inundaciones, lo mejor del ser humano sale a flote en forma de solidaridad. El sentimiento de impotencia que nace de nuestros corazones ante las imágenes de los sucesos se nos troca en gozo al ver la entrega de los vecinos a la lucha colectiva contra las inundaciones. Hemos visto a jóvenes almerienses metidos en barro hasta la cintura en la casa del amigo afectado. Hemos visto a los bomberos, a las fuerzas de seguridad y, sobre todo, a los soldados de un ejército que, para mí, así recobra todo el sentido. Tenemos que pedir a Dios, y también a los que nos gobiernan, que impongan el sentido común, que dejen un margen de seguridad y valoren las posibilidades de lluvias que año tras año se producen. Lo mismo que los incendios veraniegos se evitan en invierno con la prevención, las inundaciones invernales se aminoran con la limpieza de las rieras en verano y el control de la edificación y los embovedamientos.