Dios es necesario para el hombre. El ser humano tiene una dimensión que no detecta la biología, pero que actúa, potente, en el misterio de la persona.
Bastantes instituciones, muchas más de las que hubiéramos podido suponer, se han dirigido al gobierno pidiéndole la eliminación de todo estudio reglado de enseñanza religiosa. Se entiende por lo tanto que el cristianismo, evidentemente mayoritario en nuestro país, resulta perjudicial para el desarrollo intelectual de los jóvenes o, al menos, desaconsejado para su formación integral. En el mejor de los casos, que la religión es una cuestión privada que debe desarrollarse en la estricta intimidad de la persona o, quizá, de la familia.
No es la primera vez que se pone en marcha una instancia social de tal naturaleza aunque no con la contundencia actual. En cierta medida, es lógica en un mundo que, cada vez con más fuerza, se presenta bajo una capa feroz de materialismo que no ve más allá de lo útil. Willians James, el filósofo positivista americano, formuló hace años un slogan que ha sido bastante más influyente de lo que muchos creen. Decía así: “Si Dios resulta más útil que el átomo, escogeremos a Dios. De lo contrario elegiremos el átomo”. Sólo hay un inconveniente: Dios es necesario para el hombre. El ser humano tiene una dimensión que no detecta la biología, pero que actúa, potente, en el misterio de la persona. Dios llama al hombre, no al revés.
Hay mil momentos en la carrera humana en los que domina la falsa sensación de autonomía absoluta. Vivimos inmersos en un clima superficial, falto de amor y de la sensibilidad precisa para oir la armoniosa voz de Dios. Hemos construido una generación de diosecillos ocultos tras las ventanas de los sentidos. Urge volver a Dios, escuchar su Palabra y transmitirla a las nuevas generaciones junto a la humildad necesaria para poder percibirla. Muy pocos dudan ya de que estamos en los umbrales de una nueva época cargada de amenazas; quizá ninguna peor que el intento persistente e incomprensible de apartar la trascendencia –a Dios- de los horizontes humanos.
