No es fácil comprender la actitud de la revista alemana “Titanic” que insiste en caricaturizar a Mahoma para defender su derecho a la libertad de expresión.

Los cimientos de la libertad

El mundo musulmán estalla de este a oeste, se cierran embajadas y suceden atentados, hay muertos, toques de queda…

El Papa ha pedido respeto a las creencias de los demás y algunos muftis- maestros de la ley coránica- han respaldado sus demandas, cosa insólita, dicho sea de paso. La publicación alemana permanece inflexible: ¡Libertad de expresión! ¡Volverán a publicar nuevas viñetas sobre Mahoma! Por lo tanto, cabe preguntarse, ¿en qué consiste esa libertad cuya defensa está por encima de cualquier otra consideración? Pues lo cierto es que nunca ha quedado definida con exactitud. Al parecer es tan extensa y fundamental que su mantenimiento debe defenderse por encima de la vida misma. Y, al mismo tiempo, tan ambigua y elástica que cualquier abogado habilidoso, bien provisto de normas y jurisprudencias, puede conseguir una especie de inmunidad casi total para quien la necesite.

No sé, claro, cuánto dinero y popularidad ha ganado “Titanic”. Tampoco, por citar otro caso, el que logran determinadas tertulias y programas de los llamados “del corazón” en las diferentes cadenas de televisión y radio. Pero debe ser importante cuando los productores luchan con tanto denuedo y eficacia por la libertad de expresión. Esta cultura occidental tan defensora de sus principios y libertades – entre la que se incluye la que comentamos- haría bien estableciendo un catálogo de bases morales capaces de sustentar todas las libertades que predica y defiende. ¡Ah! Y hacerlo gratis. Si me permiten decirlo así, ¡gratis total!