Ante la situación actual, las personas de “buena voluntad”, nos sentimos atrapados por la confusión.
De una parte, los distintos partidos políticos nos achicharran con programas reivindicativos que permitirán solucionar los problemas si les hacemos caso; si están en el poder, nos despachan con “que van a tomar medidas y que ya están viendo brotes verdes”; si están en la oposición, “cuando ellos gobiernen" se va a arreglar todo como por ensalmo. Por otra, las algaradas, manifestaciones y movimientos populares se quejan de todo, pero tampoco dan soluciones. Al final terminan hablando de la visita del Papa y los “tesoros” del Vaticano.
Hace varios días me encontré con la siguiente proclama:
«Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: "Id en paz, calentaos y saciaos", pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.»
Está escrita hace casi 2000 años y es totalmente actual. A mí me ha puesto a cavilar, como lo hizo hace más de 40 años cuando la escuché en serio por primera vez. Pienso que no nos tiene que angustiar, sino ponernos las pilas. Decía mi abuela “barriga llena a Dios alaba”. Cuanta razón tenía. Yo no pongo ni quito una coma a lo que escribió mi medio tocayo Santiago. Pero sé lo que me toca hacer.
