61 millones de niños en el mundo no acuden al colegio. La razón: en sus vidas no hay sitio para la educación. El sonido de los disparos ensordece al del despertador y a sus hombros cuelgan fusiles en lugar de mochilas.

La silla roja

Conflictos, desplazamientos, pobreza y trabajo infantil son la cruda realidad diaria de demasiados niños y niñas en el mundo.

En estos días de “vuelta al cole”, nos asaltan diversas campañas no gubernamentales al respecto, pero la que hoy les propongo es la que lanza Entreculturas, ong jesuita para la educación y el desarrollo. Su propuesta se basa en una silla roja, que invitan a todos los colegios a situar en cada una de sus aulas para fomentar en torno a ella una reflexión acerca de los niños que ven vulnerado su derecho a la educación. “No sobran niños, faltan sillas” es la idea central que quieren transmitir, para lo que trabajan desde la concienciación y la denuncia. Sin ir más lejos, el pasado 5 de julio conseguían junto a otras organizaciones que el Parlamento Europeo hiciera pública una declaración en la que instaba a la Comisión Europea y a los 27 a crear una estrategia de Educación para el Desarrollo orientada a movilizar a la ciudadanía al servicio de la lucha contra la pobreza.

Sin educación no hay futuro. Y nosotros, ciudadanos de una sociedad con recortes, pero aún beneficiaria de una educación “de ricos”, estamos llamados a respaldar estas iniciativas. Si, además, queremos profundizar en su solución, debemos comenzar por nosotros mismos, implicarnos en la educación como tarea de todos, fomentar el aprovechamiento de los recursos educativos, luchar contra la exclusión, buscar la excelencia y, ahora que nos visita Don Bosco, aprender que la educación se basa, sobre todo, en el amor. “No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den cuenta que son amados”, decía el santo. Y añadía: “La educación depende de la formación del corazón”. Ardua y preciosa tarea para los padres y educadores.