El Apocalipsis es un libro atrayente y desconcertante a la vez. Esta atracción y desconcierto han sido sus compañeros de camino a lo largo de la historia de la Iglesia, que lo ha leído especialmente en momentos de crisis, y lo siguen acompañando hoy. Dejemos por un momento el desconcierto y, guiados por la atracción, decidámonos a penetrar en este fascinante escrito.
La apocalipsis, por un lado, ejerce en quien lo lee un hechizo particular, porque se siente trasladado a un universo misterioso, rico de símbolos y de experiencias religiosas: sus imágenes atrevidas, sus personajes, sus cantos, el conjunto del desarrollo..., todo invita a adentrarse en él para descubrir un mensaje escondido. Pero por otro lado su lectura conduce al desconcierto manifestado en un racimo de preguntas: ¿Qué significan exactamente los numerosos símbolos del libro? ¿Por qué un mensaje escondido? ¿Es posible descifrarlo y comprenderlo hoy, después
de tantos años?
La palabra "apocalipsis" procede de un término griego que significa retirar el velo, descubrir el misterio que hay detrás de una persona, una cosa o un acontecimiento. Un apocalipsis es una revelación, la manifestación de algo oculto. Así pues, en el libro del Apocalipsis Dios quiere revelarnos algo.
MARCO HISTÓRICO
Al adentrarnos en este libro, atractivo y desconcertante al mismo tiempo, no debemos olvidar que el Apocalipsis ha nacido en el contexto de un
fecundo movimiento que produjo otras obras literarias semejantes a ésta. En efecto, en el período de tiempo que va desde el siglo IV a. C. al II d.
C. se desarrolló entre los judíos primero, y entre los cristianos después, un movimiento teológico-literario que nos ha legado numerosos escritos
muy útiles para entender el simbolismo y las expresiones del Apocalipsis. El movimiento apocalíptico tiene su punto de arranque en el movimiento
profético, pero lo desborda al situar en el más allá de la historia la salvación prometida por Dios a la humanidad. De esto se deduce que con
cierta frecuencia es difícil establecer la frontera entre apocalipsis y profecía.
Por eso no es extraño que el autor califique su obra como profecía (Ap 1, 3; 22, 7.10.18), que se incluya él mismo en el número de los profetas
(Ap 10,7; 22,9) y se considere enviado a profetizar sobre multitud de pueblos, razas, lenguas y reyes (Ap 10, 11).
ALIMENTAR LA ESPERANZA DEL PUEBLO
La literatura apocalíptica surgió para alimentar la esperanza del pueblo en situaciones críticas y difíciles, y el libro del Apocalipsis no es una
excepción. Sus destinatarios son, sin duda, creyentes amenazados por la persecución y por la seducción, con el consiguiente riesgo de muerte
y de deserción. La amenaza procede de fuera (del poder político que se concreta en el imperio romano), pero también de dentro (de círculos
cristianos que se han apartado de la verdadera fe).
Para hacer frente a esta situación de crisis, que podemos datar a finales del siglo I en tiempos del emperador Domiciano, un autor genial
perteneciente a los círculos joánicos escribió esta obra única y misteriosa.
No debe extrañar que el autor del libro se ampare en la autoridad del apóstol Juan, pues este fenómeno era muy frecuente entre los escritores
antiguos, y de modo especial entre los escritores de la corriente apocalíptica.
No se trata de una falsificación, ni de un plagio. Es simplemente una relación ideal que el verdadero autor del libro establece con un personaje
célebre del pasado al que admira profundamente y bajo cuya guía espiritual se pone a escribir.
MENSAJE TEOLÓGICO DEL LIBRO
El contenido teológico que se encuentra tras la disposición literaria y el simbolismo es rico, y sobre todo muy sugerente.
- La primera parte contiene una invitación a la conversión desde la experiencia de Cristo resucitado que está presente en medio de la Iglesia.
- La segunda parte es una lectura teológica de la historia hecha en profundidad. El punto de partida es una constatación negativa: la historia de la salvación está fracasando, porque las fuerzas de la injusticia, la muerte, el poder político... las fuerzas demoníacas, en fin, dominan el teatro de
este mundo. La interpretación del Apocalipsis es, sin embargo, positiva: esta victoria es sólo aparente, Dios la permite temporalmente, pero la victoria definitiva pertenece a Cristo, que con su fuerza vencerá todas las potencias malignas e instaurará el reinado de Dios, las bodas del Cordero
en la Jerusalén celestial. El Apocalipsis aparece así como un canto al poder soberano de Dios que conduce los hilos de la historia, y una manifestación del papel de Cristo en este drama. Es, en definitiva, un mensaje de esperanza a una comunidad atribulada, que debe reconocer el momento en que vive y debe aprender a interpretarlo adecuadamente.
- La comunidad cristiana, ayer como hoy, está invitada a leer este libro. En él se habla fundamentalmente de un hecho que ha transformado la historia de la humanidad: el misterio pascual de Cristo, o dicho con palabras del Apocalipsis, la aparición del Cordero de pie, aunque degollado (Ap 6, 6). Esta intervención decisiva de Cristo ha hecho que la eternidad de Dios se meta en nuestro tiempo, y que el espacio pierda sus coordenadas de arriba y abajo, y el cielo, el lugar de Dios, se abra e invada la tierra y la historia. Se trata, pues, de una teología de la historia, que se nos ofrece en forma de símbolos. Se le ha llamado con razón, el libro del consuelo cristiano. No es un libro fácil, ni está escrito para gente curiosa; es la respuesta divina al grito de la humanidad y al perseverante testimonio de la fe de la Iglesia.
CARACTERÍSTICAS LITERARIAS Y ESTRUCTURA
Lo que primero y más poderosamente llama la atención, al encarar la lectura de este libro singular, es que se encuentra saturado de símbolos. Símbolos de todo tipo que el lector debe descifrar y comprender. La utilización masiva de símbolos es algo inherente a la literatura apocalíptica pues sólo mediante símbolos es posible referirse a los planes misteriosos de Dios sobre los hombres y sobre su historia. El origen concreto de los símbolos del libro del Apocalipsis hay que buscarlo fundamentalmente en el Antiguo Testamento, aunque a veces proceden también de tradiciones judías o de experiencias naturales. Los fenómenos naturales, los animales, los colores, los vestidos, los minerales preciosos, el hombre y su entorno social, todo es aprovechable para expresar un mensaje que desborda las realidades naturales.
¿QUÉ ACTITUD TOMAR ANTE EL SÍMBOLO?
En primer lugar hay que dejarse impresionar por su fuerza, no ofrecer resistencia ante su capacidad de evocación, meternos en esa atmósfera envolvente y sobrecogedora que tiene el poder de emocionarnos y situarnos en regiones cercanas a la contemplación del misterio. Luego hay que ir descifrando el símbolo pacientemente, analizando cada elemento uno a uno desde un estudio riguroso. Es preciso extraer su contenido teológico, sin quitarle su poder de evocación. En consecuencia, no se puede leer este libro demasiado deprisa; el ritmo de su lectura debe ser lento, intercalado de profundas pausas reflexivas y atentos silencios. Finalmente es preciso comprender el contenido del símbolo desde la situación concreta que el lector está viviendo: de su historia personal, de la comunidad cristiana, de la Iglesia, de los hombres. Es preciso contrastar el símbolo con la historia. De lo contrario quedará en pura ficción desencarnada, sin ese poder que encierra para iluminar y orientar nuestra marcha por el mundo.
La estructura literaria del Apocalipsis es muy sencilla. El libro aparece como una obra unitaria con una introducción (Ap 1, 1-3) y una conclusión (Ap 22, 6-21), que ponen un marco litúrgico al conjunto. Todo lo que se va a decir está destinado a una asamblea en oración. El cuerpo del libro se divide en dos grandes partes desiguales en extensión y contenido, pero fácilmente apreciables.
En la primera (Ap 1, 4-3, 22) se realiza un proceso de conversión en presencia de Cristo resucitado (Ap 1, 9-20), según el esquema que se repite en las cartas a las siete iglesias (Ap 2, 1-3, 22).
En la segunda (Ap 4, 1-22, 5) se muestra el desarrollo y desenlace de la historia de la salvación. Tras una breve introducción (Ap 4, 1-5, 14) se presentan las fuerzas que intervienen en ella (Ap 6, 1-7, 17) y su puesta en acción (Ap 8, 1-11, 14). El momento crucial es el choque de las fuerzas antagónicas (Ap 11, 15-16, 16), cuyo desenlace es la victoria de la esposa frente a la gran prostituta, que simboliza las fuerzas del mal (Ap 16, 17-22, 5).
