El caso es que, mientras la Diada canta “El Segador” y los patriotas rinden culto a sus ancestros, miles de familias catalanas y españolas no pueden dar de comer a sus niños.

Esa patria

Es difícil tanto eludir como definir el fenómeno de la “Diada” Los sentimientos – y la catalanidad lo es sin duda alguna- apoyan sus razones en algún lugar distinto al de la razón. Esto no quiere decir que se trate de una locura sino, sencillamente, que carece de la frialdad del razonamiento.

Algunos han intentado explicar “la Patria” como un cúmulo de egoísmos nacidos de las supuestas bondades que se atribuyen los habitantes de un territorio. No sé. Pero echándole un vistazo a la Historia general de este planeta, única patria cierta e identificable, llega uno a la conclusión de que ninguna de ellas- de las patrias- ha nacido mediante evolución pacífica. Todas fijaron sus fronteras con violencia y muerte. Luego, la tradición respectiva ha convertido en legítima defensa cada nacimiento patriótico con un tanto por ciento adicional de héroes incorruptibles. ¡Ah! Y una bandera. En fin, la “Diada”.

En esta ocasión, ha quedado claro que Cataluña exige la separación de España. También que, según encuestas más o menos rigurosas, ése sería el sentir de casi la mitad de los catalanes. Lo que no ha quedado claro es si con un acuerdo sobre eso que conocemos como “pacto fiscal”, es decir cierto plan económico, podríamos salir de la coyuntura y retrasar un poco la urgencia separatista.

El caso es que, mientras la Diada canta “El Segador” y los patriotas rinden culto a sus ancestros, miles de familias catalanas y españolas no pueden dar de comer a sus niños. La angustia de un padre de familia es mucho más importante que todas las patrias existentes. El ser humano es más grande que las patrias que lo albergan y las cartografías que las representan. Dios creó hombres y mujeres y ellos eligieron donde vivir. Dios nos amó hasta el extremo de entregar a su Hijo para que “todo el que crea en Él tenga vida eterna”. Lo dice el Apóstol san Juan. Y el Apóstol no hace distingos de patria alguna.

La patria del Señor es la Tierra entera. Allí donde los hombres lloran, sufren, pasan hambre, está la patria preferida de Jesucristo y, por supuesto, la de los cristianos…¡Hay que ver!