Desde que me inicié a escribir, regular y profesionalmente, artículos de opinión en los distintos medios, me propuse transmitir, dentro de lo posible, buenas noticias, de las malas ya se encargan los distintos medios, con excesiva dedicación a mi entender.

La buena noticia

Así que llevo publicadas casi cuatrocientas buenas noticias que algún día recopilaré para demostrarles a nuestros descendientes que estos tiempos, y todos, los pasados y los futuros, no son tan malos como parece.

Hoy recojo una buena noticia que me transmite uno de los párrocos de la costa axárquica que sabe mi empeño en resaltar la capacidad que tienen las personas de hacer lo posible y lo imposible por los demás. El pasado domingo mi amigo Jesús estaba en la playa con su familia y sus amigos despidiendo el verano con una paellita. En medio del cocineo observan que una mujer se acerca a gran velocidad a un alto muro que les separa del resbalaje mientras grita su deseo de quitarse la vida. Sin dudarlo, una de las cocineras arroja los trebejos de cocina y se lanza tras ella sujetándola con riesgo de precipitarse ambas por el talud. Consiguen calmarla y atenderla. Al final evitan una muerte innecesaria. Una escena digna de ser recogida por las cámaras como signo de solidaridad entre las personas. Una vida se ha salvado.

Por otra parte, un entrañable amigo vive solo en un pequeño piso de un pueblo de los montes rinconeros. La vida le ha tratado mal, tan solo tiene el calor de sus vecinos y de sus amigos. Su única salida es la conversación y el bar. Ansía la llegada del primer viernes de mes. Ese en el que antiguamente nos reuníamos para celebrar la Eucaristía cuando éramos dirigidos por el Padre Carbonell, y ahora, 50 años después, nos encontramos para comer y recordar; los que estamos y los que se van yendo. A Rafa se le había acabado su capacidad de sufrir. El Cristo de Benagalbón, al que visitaba diariamente, le estaba llamando con premura. Esta vez no nos dio tiempo a llevarlo a los médicos. Murió como vivió. Sin hacer ruido ni molestar a nadie. Ya está con el Padre. Allí no le falta su copita de anís “el Mono”. Ahora ha recuperado toda su familia. Una Vida se ha salvado.
Dos buenas noticias. Una que no ha perdido la vida y otro que ha recuperado la Vida.