Los paraísos son siempre discutibles. Mientras los españoles nos preparamos para calentar el nuestro, es decir para vivir un otoño movidito, los africanos nos consideran el maravilloso lugar donde todos los días se come. Sesenta y ocho seres humanos a la deriva que hacían un descansillo, uno solo, antes de arribar a la tierra de los supermercados.
Sesenta y ocho inmigrantes pugnaban ayer por entrar en España a través de un islote situado a casi una milla de Alhucemas. Estas islillas rocosas son tierras cuya soberanía nadie discute porque carecen de valor; en casos extremos, como éste, sirven para que tomen aliento subrepticio gentes extenuadas en su camino al “paraíso”. Digo subrepticio porque, como cabe suponer, en estas circunstancias todo hay que hacerlo sin levantar demasiado el resuello. Los paraísos son siempre discutibles. Mientras los españoles nos preparamos para calentar el nuestro, es decir para vivir un otoño movidito, los africanos nos consideran el maravilloso lugar donde todos los días se come. Sesenta y ocho seres humanos a la deriva que hacían un descansillo, uno solo, antes de arribar a la tierra de los supermercados. Y, de pronto –hay que ver– fueron descubiertos; les llevaron agua y comida, ropa… ¡Hombre, los del primer mundo somos amables!
Pero, claro, en breve, los reenviaremos al infierno. El paraíso –hay que ver– está hasta los topes. No hay más solución que el reenvío. Personalmente, me afané por averiguar el impacto que la noticia había producido sobre la opinión pública. Hombre, teniendo en cuenta que el “campo” es muy pequeño y la muestra reducido no creo haber llegado a resultados significativos; además soy bastante malo para las matemáticas y las estadísticas. Es muy posible que me equivocara, pero me atrevo a suponer que el griterío de los estadios fue bastante más potente que el lamento procedente del islote de Alhucemas. Además, en los islotes, aún en verano, hace mucho frío y se siente la soledad a flor de alma. Sí; estoy convencido de que hay que calentar el otoño, pero, Dios mío, ¡cuánto frío hace en los islotes!
