La vida con el Señor se desarrolla casi siempre cuesta arriba. Con dificultades, con sufrimientos, en contra de un mundo que le gusta lo fácil, las cuestas abajo, el nadar a favor de la corriente.
Recientemente escuchábamos en el Evangelio el relato de la visita de María a su prima Isabel. Desde que estuve visitando los lugares donde se desarrolló la vida de Jesús, se me quedó grabada en mi retina -y en mis piernas-, la cuesta que hay que subir para llegar al sitio donde habitaba la prima de la Virgen. Aquella Niña grande ya llevaba en su vientre a Jesús cuesta arriba. Y lo llevaba con alegría.
La vida con el Señor se desarrolla casi siempre cuesta arriba. Con dificultades, con sufrimientos, en contra de un mundo que le gusta lo fácil, las cuestas abajo, el nadar a favor de la corriente.
Creo que debemos asumir que nuestro camino es ascendente, con muchos obstáculos, pero, al final, te permite observar el mundo con los ojos de la felicidad. Llevando nuestro trocito de Jesús en el corazón.
