En consecuencia, debemos admitir que el señor Breivik actuó con pleno uso de sus facultades y conocimiento del bien y del mal. O sea. en posesión plena de ambas cosas, mató a setenta y seis personas sin el más mínimo remordimiento.

Multiculturalismo

Un tribunal ha condenado a 21 años de cárcel al protagonista de aquel horror conocido como masacre de Utoya que conmocionó a Europa... Difícil será olvidarlo. Un hombre de aspecto normal ametralló a sesenta y siete jóvenes que acampaban en Utoya, una isla noruega. Pocas horas antes había hecho lo mismo con otras siete personas frente al parlamento nacional. ¿Por qué? Pues como no existian motivos ni lógica alguna, se opinó que era obra de un loco.

Eso mismo pensaron los fiscales del caso. Solo el grupo de expertos designados por el ministerio de justicia discrepó rotundamente. Según ellos, el ejecutor de los crímenes, Anders, Beiring Breivik, era una persona normal. Por lo tanto, con pleno dominio de sus actos. Y, claro, de acuerdo con este diagnóstico ha actuado el tribunal.

En consecuencia, debemos admitir que el señor Breivik actuó con pleno uso de sus facultades y conocimiento del bien y del mal. O sea. en posesión plena de ambas cosas, mató a setenta y seis personas sin el más mínimo remordimiento. Este último aspecto, no debe albergar la más mínima duda ya que el propio condenado, recién terminado el juicio, pidió perdón a no se sabe quien, por no haber matado a mucha más gente culpable de “multiculturalismo”. Se deduce, por lo tanto, que ha sido el multiculturalismo lo que motivó su actividad vengadora.

En este caso no queda más remedio que analizar el llamado multiculturalismo. ¿qué es eso? Pues nada menos que la mezcolanza de razas y culturas. que vendrían a rebajar los niveles intelectuales y de bienestar alcanzados por la raza blanca.. Negros, indúes, chinos … etc, invasores de occidente, son enemigos de nuestra espléndida civilización. A poco que se rasque sobre la capa egoísta de esta sociedad se verá que es deudora del Evangelio. Fue el Evangelio quien puso los mimbres de su actual preponderancia. Lo ha olvidado.

Ha sustituido el supremo mandato del amor por el fantasma diabólico de los arios hitlerianos. Si no es así al menos, lo parece