Periodísticamente, no hay verano sin serpiente. De manera especial en agosto. Es una vieja costumbre o, más bien, una tradición; cada año, por este tiempo, los periodistas se ven obligados a sacar una noticia –llamada “serpiente de verano”– de su propia inventiva o echándole imaginación a lo existente.

Una serpiente de ida y vuelta

En esta ocasión –hay que ver, agosto es sobre todo, un tiempo de premoniciones noticiosas, especie de periodismo– barrunto que da para entretenerse. O sea, no nos cuentan lo que pasa sino lo que va a pasar.. Muchos medios hasta sugieren fechas probables para manifestaciones y huelgas. Se diseña una especie de agenda inevitable, tumultuosa y futurista capaz de compensar, con creces, los silencios actuales. No me refiero, claro, al espacio internacional ajetreado por Wikileaks, Hugo Chávez y  violencias africanas, sino a esta esquina de Europa, tierra nuestra, en permanente desequilibrio casi desde que la inventaron.

Bien, pues con independencia de la personal, o colectiva forma de entender la situación, es evidente que la prevista calentura del otoño próximo no es el escenario más indicado para encontrar soluciones a los terribles males que nos angustian. Insisto, angustian. Es difícil encontrar otra palabra que describa con mayor elocuencia los sentimientos de quien, cerca del problema, no perciba en propio corazón la tristeza impotente del prójimo. Llorar con los que lloran no es una expresión retórica sino realidad visible en, por ejemplo, voluntarios de Caritas que se conmueven ante la sonrisa de un niño; posiblemente, el único miembro de su familia capaz aún de sonreír. Estamos en los aledaños de un mundo injusto que reparte injustamente sus riquezas. Y nadie escapa de esta especie de connivencia universal. Un poco más allá del arrabal de la tierra donde vivimos la mitad de los habitantes del planeta pasa hambre. Y asaltan fronteras de pinchos y se aventuran por la mar, sin brújulas, con barquitos de madera y… ¡Que sé yo! .

En épocas de bonanza nadie piensa en, digamos, una huelga mundial para acabar con lo que la “Internacional” llama “Famélica legión” No, ni este gobierno ni cualquier otro de distinto signo, podría alterar el ritmo de la injusticia, que no está en Madrid o en Berlín. La injusticia es evanescente, volátil, repartida entre millones de mentes acorchadas, o sea, en el epicentro del hombre. Antes de vociferar, vamos a pegarle un repaso a lo que entre todos, masivamente, podríamos hacer. Recuerdo la frase del Señor Jesús cuando los discípulos le señalaron la existencia de una masa hambrienta. Él dijo “Dadles vosotros de comer”. Y lo hicieron. Pudieron hacerlo a partir de Él. De otra manera nada es posible.