Con esta pregunta me abordaba el miércoles pasado una señora, en la parroquia de San Patricio, poco antes de comenzar la Misa por el alma de José Eugenio González (Chiqui). Fallecido a finales de julio, a los 81 años de edad, había tenido tiempo de ir preparando su marcha despidiéndose de su mujer, sus cinco hijos –uno de ellos sacerdote misionero–, sus más de 40 nietos, sus cuatro biznietos y su comunidad parroquial.
La pregunta tenía su lógica. Y es que, ciertamente, el aspecto del templo era completamente distinto al que habitualmente contemplamos en una misa de difuntos. Lleno hasta el coro, con numerosos asistentes de pie, familias enteras con sus hijos pequeños correteando, caras serenas y sonrisas, muchas sonrisas, dentro del dolor contenido de todos.
–"El muerto es un catequista de toda la vida de la parroquia y lo queríamos todos muchísimo", contesté, respondiendo satisfactoriamente, al parecer por su gesto, a la corrosiva duda de la señora.
La vida y la muerte de Chiqui es como la de tantos miles de catequistas que ofrecen gratuitamente su tiempo, su formación y sus desvelos por la transmisión de la Buena Noticia. Seglares entregados por completo a la Iglesia; experimentados en la lucha cuerpo a cuerpo y en recibir los palos que la gente guarda contra la institución; preocupados por la situación de sus catecúmenos, se llevan sus problemas a casa; siempre humildes, sintiéndose meros instrumentos destemplados para transmitir un mensaje que les supera; aunque se alegran de poder apacentar su rebaño, su verdadera alegría sólo se la daría la vuelta de aquella oveja que se les perdió...
En un blog como este, que trata de sacar a relucir lo que la Iglesia hace en favor de tantos que necesitan tanto, quiero rendir un sencillo homenaje, a tantos catequistas de niños, jóvenes y adultos, que están en primera línea de combate, tratando de llevar el mensaje de esperanza de la Iglesia a un mundo que desconoce que "morir sólo es morir. Morir se acaba". ¡Son tantos los que han encontrado en la Iglesia, gracias a los catequistas, un sentido a su historia, un para qué a la vida y un porqué a la muerte!
Tanto ha sido su empeño, que allí estábamos, cientos de personas eternamente agradecidas por haber recibido de él esta Buena Noticia y consolándonos por su pérdida con aquellas palabras del Ángel: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?".
–¿Que quién es el muerto? El muerto ya no está, señora. Ahora vive.
