La crisis, si se hubiese gestionado bien, estaríamos hablando de otra cosa. Pero ahora nos toca también entonar el mea culpa. Todos hemos sido un poquito responsables de la situación.
La dichosa crisis que tenemos encima nos salpica a todos de una forma u otra. Esa desconocida parienta, llamada prima de riesgo, que lo mismo sube que baja, nos está literalmente machacando. A los que de momento tenemos la suerte de disfrutar de una pensión, bien sea más alta o más pequeña; a los que, afortunadamente, tienen trabajo, y en general, a todos, nos toca de lleno. El día a día se encarece y ¡de qué manera!
Pero qué decir de tantas y tantas familias que se encuentran al borde de la desesperación por carecer de lo más básico para subsistir, que en sus casas (si el banco no se las ha quitado) no entra ni un mal euro, que tienen hijos a los que alimentar y se ven impotentes, que muchos de ellos, gracias a Cáritas y comedores de la Iglesia, al menos viven.
Viendo el sufrimiento de tantos hermanos nuestros, la indignación se magnifica cuando leemos en la prensa, o vemos en tv, los miles de millones de euros que se han malgastado y dilapidado por parte de los politicos, no me importa de qué signo sean. Creo que la justicia debía de condenarlos por malos gestores, y a algunos por presuntos chorizos. Traducido en pesetas la cantidad de dinero perdido me faltan dígitos. La crisis, si se hubiese gestionado bien, estaríamos hablando de otra cosa. Pero ahora nos toca también entonar el mea culpa. Todos hemos sido un poquito responsables de la situación, viviendo por encima de nuestras posibilidades en muchos momentos. Nos corresponde pues, criticar menos, trabajar más y no olvidar agradecer a Dios el día a día.
