En su alocución en el tradicional acto de la Cofradía de los Estudiantes ante la fachada de la Catedral, el obispo de Málaga ha animado al mundo universitario a buscar la verdad sin miedo y sin ataduras, con la valentía de quien no se deja comprar y con la humildad de quien reconoce que siempre queda algo por aprender.
Texto íntegro del discurso de D. José Antonio Satué
COFRADÍA DE ESTUDIANTES
Junto al Cristo Coronado de Espinas, viva representación de la humildad, me dirijo a vosotros, hombres y mujeres de esta Hermandad vinculada a la Universidad de Málaga y a diversas instituciones estudiantiles, una Hermandad en la que tantos jóvenes encontráis un espacio de fe y compromiso. Quisiera invitaros, en estas breves palabras, a unir verdad y humildad.
No dejemos nunca de buscar la verdad. No permitamos que intereses económicos, ideológicos o incluso religiosos nos compren o condicionen. Ninguna multinacional, ningún partido político y ninguna confesión de fe merecen que les entreguemos nuestro tiempo y nuestra vida si pretenden apartarnos de la verdad.
Esta llamada es especialmente urgente en la cultura actual, que con frecuencia prioriza el sentimiento sobre el conocimiento y ha dado carta de ciudadanía a la llamada post‑verdad, expresión que, a mi modo de ver, no es más que una forma elegante de referirse a la mentira menos piadosa.
Fiódor Dostoyevski describió con lucidez la degradación moral a la que conduce la mentira continuada. En Los hermanos Karamazov escribió: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás».
Por eso, queridos hermanos y hermanas, no os canséis de buscar la verdad, aunque sacuda vuestros planteamientos o incomode intereses poderosos. Nuestra sociedad necesita estudiantes, profesores y universidades que busquen incansable e insobornablemente la verdad.
Pero no olvidemos buscar la verdad con humildad. El verdadero sabio es humilde, porque, como afirma la cita atribuida a Albert Einstein, «a medida que nuestro círculo de conocimiento se expande, también lo hace la circunferencia de oscuridad que lo rodea». O, dicho de otro modo, «la realidad es superior a la idea», como repetía con frecuencia el papa Francisco.
Quien busca la verdad ha de ser consciente del valor y también de los límites de su propio método para acercarse a la realidad. En este sentido, es justo reconocer la grandeza de la razón científica: gracias a su capacidad para medir, analizar y organizar el mundo, ha ampliado extraordinariamente nuestra posibilidad de transformarlo. Sin embargo, también debemos admitir que esta razón, por sí sola, resulta insuficiente para orientar nuestra existencia y marcar el rumbo de la historia hacia la paz y la fraternidad..
Es, por tanto, el momento de abrirnos con humildad a otras formas de sabiduría: la del filósofo que cuestiona sin descanso su propio conocimiento, la del pastor que contempla la creación mientras guarda y conduce a las ovejas, la del místico que bucea desde el silencio en las profundidades el alma humana, la de la Virgen de Gracia y Esperanza que acompaña el dolor de sus hijos, y la del Cristo coronado de espinas, que entregó su vida para desvelarnos el misterio de Dios y la vocación al amor más grande que habita en todo hombre y mujer.
Queridos amigos y amigas, concluyo ya. Busquemos la verdad sin miedo y sin ataduras, con la valentía de quien no se deja comprar y con la humildad de quien reconoce que siempre queda algo por aprender. Así evitaremos caer tanto en el relativismo como en el fundamentalismo. De este modo podremos construir una sociedad más justa y vivir una fe más auténtica.
