El obispo de Málaga, Don José Antonio Satué, dirigió este mensaje a los malagueños y quienes visitan la diócesis, como felicitación Pascual.

Mensaje de Pascua de Mons. Satué ante la imagen del Resucitado

Lo hace en el acto celebrado en la plaza del Obispo junto a la imagen del Resucitado y la Virgen, María Santísima Reina de los Cielos, durante su procesión.

Amigos y amigas, malagueños y visitantes de esta preciosa ciudad:

La paz sea con todos vosotros.

Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor que ha dado la vida por el rebaño de Dios. 

También yo quisiera que este saludo de paz llegue hasta vuestros corazones, alcance a vuestras familias, a todas las personas, donde sea que se encuentren, a todos los pueblos, a toda la tierra. 

La paz esté con vosotros.

Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente… 

Dios nos quiere, Dios nos ama a todos, y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzadapor Dios y por su amor….

Ayudaos unos a otros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz.

Con estas palabras de León XIV –pronunciadas en la plaza de San Pedro, apenas unos instantes después de haber sido elegido papa– deseo concluir esta celebración de Pascua, que corona la Semana Santa; una Semana Santa preciosa aquí en Málaga, en la que no hemos mirado al cielo para ver si llueve, sino para dar gracias a Dios. 

La paz esté con todos vosotros.

He elegido estas palabras porque todos somos conscientes de los horrores de la guerra en Irán, en Ucrania y en tantos pueblos del mundo donde innumerables inocentes sufren y mueren.

Urge, por consiguiente, dejarnos alcanzar por la Paz que Cristo nos regala y trabajar unidos, cada uno con su forma de ser y de pensar –como en esta procesión, en la que avanzamos juntos, cada cual con su túnica propia–, para extender esta paz a nuestras familias, a nuestras parroquias y hermandades, a nuestros lugares de trabajo y a nuestros barrios; para que llegue a todos los rincones de la Tierra. 

Aunque a veces parezca que todo compromiso por la paz resulta inútil, la Pascua nos asegura que Dios valora, multiplica y da eficacia a todo gesto de reconciliación, a toda palabra que busca el diálogo, a todo compromiso por la verdad, la justicia y la paz. La resurrección de Jesús no es sólo un hecho que tuvo lugar en un momento preciso de la historia humana, sino también una fuerza transformadora del presente.

La Pascua nos invita a vivir como hombres y mujeres nuevos, testigos de la esperanza que no defrauda, portadores de la alegría que nace del encuentro con el Resucitado, constructores de fraternidad y de paz en un mundo atemorizado por las guerras. 

La paz esté con todos vosotros. ¡Acogedla, cuidadla, transmitidla!

¡Feliz Pascua!