El municipio axárquico de Frigiliana ha acogido a cerca de 500 jóvenes de todos los puntos de la diócesis para celebrar su tradicional Encuentro Diocesano de la Juventud (EDJ), que cumple su 39 edición.
“La alegría de ser hermanos” fue el lema vitoreado por los cientos de jóvenes llegados desde Alhaurín el Grande, Benamargosa, Mijas, Fuengirola, Vélez-Málaga, Cártama, Antequera, La Cala, Puerto de la Torre, Coín, Torrox, Los Boliches y Marbella, además de decenas de parroquias de la capital malacitana y desde diversos movimientos, grupos e instituciones.
A las 9.45 de la mañana comenzaba la acogida y presentación del encuentro, conducidas por un grupo de jóvenes de Alhaurín el Grande y el seminarista Ismael Salas. A las 10.45 horas se calmaban las energías para dar paso a un tiempo de oración guiado por el delegado de Infancia y Juventud, el sacerdote José Miguel Porras y el cantautor Juan Baena, también sacerdote, quienes pusieron en manos de Dios la jornada festiva.
La segunda parte de la mañana, hasta el almuerzo, fue más formativa. Los jóvenes pudieron elegir entre varios talleres en los que les proponían “pensar el mundo desde una mirada resucitada”, “pasar de largo o acercarse a la vida de las personas migrantes” y “dialogar con todos, todos, todos”. En este tiempo, los acompañantes y catequistas pudieron profundizar en el “Nuevo proyecto de Pastoral con jóvenes” de la mano del delegado de Juventud.
Llegada la hora del almuerzo, los jóvenes se encontraron una barra de comida preparada por la Cáritas parroquial San Antonio de Padua y la Cofradía de Frigiliana, cuyos beneficios se destinarán a ayudar a Nahel, un niño de siete meses de Frigiliana, en el tratamiento de una enfermedad rara (IRF2BPL).
A las 14.15 horas se escuchó una voz, la del DJ Pedro Velasco, encargado de mover con su música los cuerpos recién alimentados y motivarlos para que participaran en la posterior dinámica de pistas por el casco antiguo de Frigiliana.
A las 16.30 horas, los jóvenes regresaron al escenario principal, instalado en la Plaza de las Tres Culturas, para escuchar tres testimonios que les “llegaron al alma” de nuevo: el del sacerdote Juan Baena, el de la religiosa nazarena Rita Regaña y el del matrimonio joven formado por Ana Berlinche y Juan A. Escobar. Animaron a los jóvenes a no tener miedo y «lanzarse a la aventura más bonita de vuestras vidas, responder a la llamada de Dios y compartir lo mejor de vosotros con los demás, sin olvidar nunca a los más necesitados».
El momento culmen del encuentro fue la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo de Málaga y concelebrada por un grupo de sacerdotes que acompañaba a sus jóvenes. Mons. Satué mostró a los jóvenes su agradecimiento y los invitó a contagiar la alegría de la Pascua de la Resurrección allá donde estén. Los cantos estuvieron animados por integrantes del coro joven diocesano, en el que se unen miembros de los grupos Soplos de Vida, Hakuna Málaga, Shemá y otros jóvenes.
La Cruz y el Icono de los Jóvenes, que han peregrinado por la Axarquía como preparación al EDJ, regresarán a Málaga a la espera de conocer el lugar donde se celebrará la edición número 40 del Encuentro Diocesano de la Juventud.
Corría el año 1986 cuanto, el entonces obispo de Málaga, D. Ramón Buxarrais, convocaba el primer Encuentro Diocesano de la Juventud. Desde entonces, los EDJ se han convertido en la actividad anual referente para los jóvenes católicos de la diócesis de Málaga.
María Krauel, responsable de coordinar este año el EDJ, afirmaba que la acogida de Frigiliana ha sido «muy positiva. Agradecemos a la parroquia y al ayuntamiento de Frigiliana, y a sus vecinos todas las facilidades que nos han dado para que el encuentro haya sido todo un éxito. En los talleres se ha trabajado la carta encíclica “Fratelli Tutti” del papa Francisco, sobre la fraternidad y la amistad social, por eso, celebrar el encuentro en Frigiliana, Villa de las Tres Culturas, nos pareció muy oportuno».
En palabras de María Krauel, el EDJ «es la oportunidad de ver lo grande y amplia que es nuestra Iglesia en Málaga, que no estamos solos, que los jóvenes también buscamos el encuentro personal con Jesús y que nos sentimos queridos por Él y queremos compartirlo. Yo creo que es la oportunidad perfecta para conocer gente que tiene las mismas inquietudes que tú y que comparte tu fe, y eso crea grandes vínculos. Un año más, así lo he vivido».
