Por la coincidencia de Cuaresma y Ramadán, el delegado diocesano de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso Rafael Vázquez habla de las relaciones entre islam y cristianismo en Málaga, la ciudad andaluza con mayor presencia de fieles musulmanes, superando incluso a Almería, y en la que se apuesta por cuidar el diálogo y el respeto entre religiones.
Cuaresma y Ramadán han coincidido este año en la misma fecha. ¿A qué llama este hecho?
Por una providencial coincidencia del calendario, cristianos y musulmanes hemos venido celebrando conjuntamente un tiempo de ayuno, oración y limosna. Los cristianos el tiempo de la Cuaresma, que nos conduce hacia la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo; los musulmanes, el tiempo de Ramadán, por el que, según el islam, celebran la revelación de Dios en el Corán, su libro sagrado. Fieles de una y otra tradición reconocen su condición de criatura, y elevan su mirada a Dios, al que quieren poner en el centro de su existencia, como si quisieran escapar de una visión excesivamente reduccionista de la realidad: somos más que simple materia, el corazón solo se entiende en el amplio horizonte de la divinidad.
Un tiempo marcado por la oración... también juntos?
Por desgracia, este tiempo vuelve a verse contaminado por el ruido de las explosiones provocadas por misiles fratricidas que enfrentan a países y anuncian nuevas guerras y enfrentamientos que provocarán gran dolor y sufrimiento. Es tiempo para orar juntos, cada uno según su propia tradición, por la paz, sin cansarnos, y promover la reconciliación entre los pueblos. Tenemos una gran responsabilidad los creyentes en ser auténticos "artesanos del encuentro" en medio de nuestra sociedad.
¿Cómo se vive el diálogo interreligioso en la Diócesis de Málaga, que incluye también a Melilla?
La historia de las relaciones entre el islam y el cristianismo, especialmente con la lglesia católica, tiene una larga trayectoria en nuestra Diócesis de Málaga y Melilla. De hecho, Melilla ha sido un modelo de convivencia y de gestión de la diversidad, a pesar de las dificultades que pueden encontrarse en el día a día, como en cualquier tipo de relaciones humanas. No hay que olvidar que la provincia de Málaga y Melilla cuentan con una población musulmana que ronda las 150.000 personas, de las cuales 86.000 tienen nacionalidad española, es decir, se sienten identificadas con España, y se enorgullecen de serlo, al tiempo que profesan el islam.
¿Cuáles son los retos de esta convivencia?
Hemos de cuidar como un tesoro este clima de fraternidad y respeto que se ha venido gestando a lo largo de tantos años, no solo con los musulmanes, sino también con los judíos o los hinduistas en nuestra provincia. Por eso hemos de estar atentos a todos aquellos que pretendan mancillar nuestras relaciones: sea desde corrientes religiosas externas que quieran liderar un islam cerrado al diálogo, sea desde posturas intransigentes dentro de la misma lglesia católica o desde el ámbito de la política, utilizando el argumento religioso para crear prejuicio, discriminación y polarización en la sociedad. A todos ellos, hemos de decirles con vehemencia:«jNo! Eso no es lo que queremos para Málaga y Melilla».
Como responsable diocesano de ese diálogo, ¿qué mensaje le gustaría trasmitir?
Me gustaría aprovechar para extender el saludo fraterno a las comunidades de musulmanes en Málaga, y hacer una llamada a educar a nuestros fieles en el conocimiento mutuo, el encuentro, la superación de prejuicios, el respeto al diferente, y a establecer vínculos desde lo común. Al mismo tiempo renuevo la disponibilidad a seguir trabajando juntos en la defensa del ejercicio de la libertad religiosa, independientemente de la religión que se vea afectada. Cuando se vulnera este derecho fundamental no se vulnera el derecho de un católico, de un musulmán, de un judío, de un hinduista o un budista. Se vulnera el derecho de todos.
