«Por aquellos días, María se puso en camino y se fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño empezó a dar saltos en su seno. Entonces Isabel, exclamó a grandes voces: “Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme?» Estas palabras rescatadas directamente del Evangelio de Lucas recogen un encuentro entrañable entre dos primas, ambas embarazadas.