Había una vez un joven. Bueno, en realidad no sabía si era joven o no, porque en aquella sociedad todos querían ser jóvenes: había maquillaje para parecer joven, injertos de pelo para rejuvenecer a los calvos, potingues variados para disfrutar de un cabello, una piel, unos ojos o unas pestañas juveniles, aparatos para convertir los cuerpos en bellezas esculturales, dietas equilibradísimas que quitaban años y renovaban los intestinos...