Nurya Martínez Gayol ACI, doctora en Teología Dogmática y profesora en la Pontificia Universidad Comillas, abre la III Semana de Espiritualidad del CESET, del 13 al 16 de octubre, dedicada a la espiritualidad sinodal, en la que puede participarse presencialmente y online. Toda la información en ceset.edu.es

«La espiritualidad sinodal es una espiritualidad de las conexiones»
Nurya Martínez-Gayol

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La espiritualidad sinodal ¿no es la espiritualidad cristiana de siempre? ¿O hablamos de otra cosa?

Sí. La espiritualidad sinodal es la espiritualidad cristiana de siempre, sí. Pero lo que puede pasar que como todo el mundo habla de sinodalidad, parece que todo es sinodalidad, y corremos el peligro de que al final nada lo sea. Es importante trasmitir que la sinodalidad no es una cosa, no se refiere simplemente a un método. La sinodalidad nos habla de una forma de vivir, de una forma de estar en la vida. Si entendemos la espiritualidad como una manera de transitar la vida conectada a la fuente de vida, una espiritualidad sinodal es un modo de ser y vivir con una peculiaridad: reflejar un modo de hacerse cargo de la realidad y de vivirla. La espiritualidad sinodal es una forma cristiana de hacerse cargo de la vida, y de hacerlo sinodalmente, lo que le da un matiz específico que hace que nuestra existencia esté transitada por esto.

La sinodalidad no es una manera de organizarnos, sino, sobre todo, de relacionarnos con Dios y con los demás. ¿Sin convertirnos a una espiritualidad sinodal, fracasaríamos?

Porque convertirnos a una espiritualidad sinodal supone que asumimos que la forma en la que nos vamos a hacer cargo de la realidad y a vivirla tiene que ver con caminar con otros, con dialogar con otros, con dejarnos guiar con otros; tiene que ver también con buscar caminos con otros y buscar ese camino que Dios quiere para nosotros como Iglesia y hacerlo juntos. Y todo esto tiene que ver con que hay algo, una fuente de vida en nosotros, que es lo que nos impulsa a hacerlo. Por eso creo que tienes mucha razón cuando dices que no es simplemente una manera de organizarnos, sino justamente de relacionarnos. Podemos organizarnos muy horizontalmente y, sin embargo, que esta organización no nazca del hondón de cada uno, no sea algo que brota de una fuente de vida común y que además nos hace estar dispuestos a que esa fuente de vida nos abrace a todos, nos vincule a todos, nos conecte a todos"Y si no hay esta convicción interna, fuerte, de vivir así, de mirar la realidad así, de incluir a todos en lo que hacemos, en lo que pensamos, en lo que discutimos… eso que llamamos sinodalidad, como metodología, como forma de organización, se va a quedar en algo muy periférico, muy superficial y que no nos toca desde dentro.

¿Cuáles son los rasgos principales de esa espiritualidad?

Yo destacaría seis características que configuran lo que podríamos llamar una espiritualidad sinodal. En primer lugar, que sea una espiritualidad de la escucha; en segundo lugar, una espiritualidad del diálogo. Esta escucha y este diálogo serán posibles dinamismos de sinodalidad si, en tercer lugar, la espiritualidad sinodal es una espiritualidad del discernimiento. En cuarto lugar, yo diría que otra exigencia de la espiritualidad sinodal es que sea una espiritualidad del cuidado, que el cuidado sea lo que caracteriza en nuestras relaciones. También el que sea una espiritualidad de la paciencia, de la espera paciente, llena de capacidad de guardar los tiempos de los otros y de darnos tiempo a nosotros mismos. Y, por último, una espiritualidad de la inclusión, una espiritualidad en la que quepamos todos.

¿La espiritualidad sinodal nos pide renunciar a tener razón? ¿Cómo se compagina la propia convicción con la capacidad de escuchar y dejarse interpelar?

No, no creo que la espiritualidad sinodal nos pida renunciar a tener razón. Lo único que nos pide es renunciar a que nuestra razón sea la medida y la norma de toda mirada a la realidad. Es decir, la espiritualidad sinodal nos invita a que nuestra razón esté habitada por otras razones, y por eso hablaba antes de que la primera característica de la espiritualidad sinodal sea la escucha, porque una verdadera escucha supone ser hospitalario del pensamiento del otro, de los sentimientos de los otros, de las necesidades de los otros. Y todo eso no te hace renunciar a tener razón. Lo único que pasa es que enriquece tus perspectivas y te ayuda a comprender que no es que tus razones tengan que desaparecer, solo que se pueden enriquecer con otras perspectivas que permitan situar tus razones en un contexto mucho más amplio, en un horizonte mucho más amplio y que te abre el corazón, que te abre la mirada y que te permite hacerte cargo mejor de la realidad.

«La espiritualidad sinodal no nos pide renunciar a tener razón. Nos invita a que nuestra razón esté habitada por otras razones»

¿Cómo puede esta espiritualidad ayudar a superar las divisiones, rivalidades o grupos cerrados que a veces existen en nuestras comunidades?

Una espiritualidad de la sinodalidad lo primero que exige es escucha, escucha y diálogo. Y si hay verdadera escucha y si hay verdadero diálogo, uno puede darse cuenta de que nuestras divisiones, nuestras rivalidades entre comunidades responden a la inseguridad o a la cerrazón en razones muy pequeñas, en puntos de vista muy aislados y muy pobres. Cuanto más nos escuchamos, cuanto más dialogamos de verdad, somos más capaces de entender todas las perspectivas desde las que se pueden ver las diferentes situaciones de la realidad y, entonces, comprender mejor. Creo que nuestras divisiones y rivalidades son fruto, al final, casi siempre, de la inseguridad, de que no queremos que esto que pensamos o esto de lo que estamos convencidos nos lo ponga en duda nadie, porque nos parece que perdemos el pie. Y Dios es siempre más grande, y la espiritualidad sinodal es una espiritualidad de las conexiones, de las redes, de una unidad mucho más inclusiva, mucho más grande, donde los límites no son tan estrechos. Es decir, hay espacio para todos porque todos podemos encontrarnos en algunos nudos que son vitales y convertirlos en fuente que nos alimenta, que nos da vida, que nos hace más nosotros, que respeta nuestra identidad pero que nos da un corazón más grande, un horizonte más grande, una comprensión también más grande.

«La sinodalidad es exigente, porque supone implicar convicciones, superar miedos y límites, perder mucho tiempo escuchando, liberarnos de querer tener constantemente la razón y de vivir pensando que nuestra perspectiva es la única»

¿Cómo cambia una parroquia o comunidad cuando empieza a vivir desde una espiritualidad sinodal?

Bueno, no sé decir exactamente cómo cambia una parroquia, una comunidad, cuando empieza a vivir desde una espiritualidad sinodal. Sí me gustaría decir dos cosas que me parece que sí que ocurren. Una, hay una apertura, una mirada que se abre y un horizonte que se va haciendo cada vez más amplio. Y hay un dinamismo de escucha y de diálogo que nos permite mirarnos de otra forma, mucho más amable, y cuidarnos y respetarnos en nuestra identidad, sin que eso nos impida incluir al diferente. No quiere decir que esto sea fácil. Esto es difícil, o mejor dicho, es exigente. La palabra es exigente porque supone implicar convicciones, superar miedos, superar límites, perder mucho tiempo escuchando, liberarnos de querer tener constantemente la razón y de vivir pensando que nuestra perspectiva es la única. Pero en el momento en que somos capaces de dar pasos en esta línea, que es una línea exigente, la liberación que se experimenta y la percepción de que nuestras comunidades, nuestros grupos se van llenando de nueva vida y de esperanza, creo que compensa claramente todo el esfuerzo.