Juan Manuel Barreiro, actual Vicario Episcopal de la Ciudad de Melilla, es el último nacido y bautizado en las Islas Chafarinas. Vivió su infancia y adolescencia en Melilla. De esta ciudad salió a los 18 años y volvió hace un año, con cincuenta cumplidos. Lo hemos entrevistado para conocer cómo ve la situación actual de esta ciudad española enclavada en el norte de África.
A Juan Manuel, lo que más le ha llamado la atención a su vuelta es que es una ciudad totalmente renovada. Ha habido un cambio significativo en la población. Destaca que es mayor el índice de población de origen magrebí.
Preguntado por la situación de la comunidad católica de la ciudad, reconoce que todavía guarda el rescoldo de tiempos vividos con mucho fervor y dedicación.
Considera que Melilla puede ser tenida en cuenta como una experiencia piloto para el resto de la nación. De entrada, por la convivencia normalizada de diferentes confesiones religiosas y culturales; por la implicación grande en la vida pública de los que forman la comunidad católica de la ciudad y por la atención al fenómeno de la inmigración, que ha estado marcado por la experiencia del Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI) muy novedosa a nivel estatal y europeo pues marca un rasgo que identifica la ciudad.
La comunidad católica de Melilla, en apenas 12 kilómetros cuadrados, ofrece la posibilidad de celebrar la fe en sus seis parroquias diocesanas y la castrense. De igual forma, los colegios de La Salle y del Buen Consejo posibilitan la educación en la fe a los niños y jóvenes. Una atención educativa y social de la que participan los paúles, la Divina Infantita; las Hijas de la Caridad y las Hijas de María Inmaculada.
En este sentido, destaca que la comunidad católica de la ciudad desarrolla también una importante tarea en el Hospital, en el Centro Penitenciario, en la Universidad y a través de Cáritas.
Juan José Imbroda
El Presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla opina que es una ciudad religiosa. De varias confesiones, pero esencialmente religiosa. Y, entre ellas, la católica.
Lo dice la historia, pero también su carácter participativo y su compromiso diario con la palabra de Dios.
Y a día de hoy, Melilla es para los católicos del mundo un ejemplo de cómo expresar su religiosidad junto a otras confesiones, en un espacio de tolerancia y respeto.
Gregorio Escobar
Es el Delegado del Gobierno en la Ciudad Autónoma.
"Un Viernes Santo cualquiera en Melilla. El paso de la Piedad cruza, escoltado por penitentes, ante una sinagoga iluminada por las luces del Sabath. Se escucha desde las mezquitas la llamada a la oración de la noche, y el humo del incienso que se eleva en honor de Brahma, Durga, Shiva, Vishnu y Krishna impregna el ambiente.
Una mirada racional nos indica que es posible la convivencia pacífica de diferentes culturas. Una contemplación abierta a lo trascendente nos revela un único misterio que despierta una multiplicidad sinfónica de ecos simbólicos y rituales en este pueblo melillense, cuya principal seña de identidad es la diversidad".
