Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:
Dios cuenta contigo. No es solo el lema de la Jornada de la Iglesia Diocesana 2026; es una invitación personal que el Señor dirige a cada uno de nosotros. Todos, todos, todos, tenemos un lugar, una misión y unos dones que ofrecer para que el Evangelio siga llegando a cada rincón de nuestra tierra. Nadie sobra en la Iglesia.
Nadie sobra en nuestras parroquias y comunidades, pues la diócesis de Málaga no es una realidad lejana ni una institución ajena. Es nuestra familia en la fe, el hogar donde hemos recibido el anuncio de Jesucristo, donde celebramos los sacramentos, compartimos la esperanza y aprendemos a vivir como hermanos. Por eso, cuidar de la diócesis es cuidar de nuestra propia casa. Y una familia solo crece cuando todos sus miembros participan, colaboran y se sienten responsables de su presente y de su futuro.
El subtítulo de esta campaña expresa con acierto esa llamada: «Tu diócesis, tu familia: un compromiso de todos, como Iglesia viva y corresponsable, al servicio de la misión». La corresponsabilidad no consiste únicamente en ayudar cuando hace falta, sino en sentir como propias las alegrías, los desafíos y las necesidades de la comunidad eclesial. Significa ofrecer nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestra oración y también nuestros recursos para que la misión de la Iglesia pueda seguir desarrollándose con libertad y generosidad.
«La corresponsabilidad no consiste únicamente en ayudar cuando hace falta, sino en sentir como propias las alegrías, los desafíos y las necesidades de la comunidad eclesial. Significa ofrecer nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestra oración y también nuestros recursos»
En su reciente visita a España, el papa León XIV nos dejó una reflexión que merece ser acogida con profundidad: «Una fe que no se traduce en el compromiso cotidiano de transformar las realidades diocesanas se convierte en un museo del pasado». Sus palabras nos recuerdan que la fe auténtica siempre se convierte en servicio, participación y entrega. Una Iglesia viva no se sostiene gracias al esfuerzo de unos pocos, sino por el compromiso ilusionado de todo el Pueblo de Dios.
En nuestra diócesis de Málaga encontramos cada día ejemplos de esta corresponsabilidad: parroquias abiertas, catequistas entregados, voluntarios, sacerdotes con “olor a oveja”, religiosos comprometidos, familias que testimonian, jóvenes y mayores que entregan lo mejor de sí mismos para anunciar a Cristo y servir a los más necesitados. Esa riqueza es fruto de muchos corazones que han respondido con generosidad al Señor.
Hoy esa llamada vuelve a resonar para cada uno de nosotros. Dios sigue contando contigo. La Iglesia también. No te quedes al margen. Tu presencia, tu oración, tus talentos, tu compromiso y tu colaboración económica hacen de nuestra diócesis una familia más unida, una Iglesia viva y una comunidad misionera. Porque la misión es de todos y para todos.
Un saludo muy cordial en el Señor.
