SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER
(Catedral-Málaga, 26 junio 2026)
Lecturas: Gn 2, 4b-9.15.17; Sal 2, 7-12; Rm 8, 14-17; Lc 5, 1-11.
1.- Los primeros capítulos del libro del Génesis son un canto de alabanza a Dios creador; y también una invitación al hombre para ser «co-creador» con Dios. Nos dice que Dios creó al hombre (varón y mujer), y lo colocó en el jardín de Edén (cf. Gn 2, 7-8), para que lo cuidara y lo cultivara (cf. Gn 2, 15). El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26-27), recibe la tarea de cuidar y continuar la obra del Creador; el hombre es constituido como «colaborador» de Dios.
Se explica así el papel que, en el designio del Creador, desempeña el trabajo humano; ésta es la línea de pensamiento de san Josemaría, cuya fiesta hoy celebramos; y amos gracias a Dios por el regalo que san Josemaría significa para toda la Iglesia y para nosotros.
El mismo Hijo de Dios, Jesús de Nazaret, desempeñó un oficio. En manos de Jesús el trabajo se convierte en tarea divina, en labor redentora y en camino de salvación. El trabajo no es un castigo o una pena que sufre el ser humano.
Cualquier trabajo, digno y noble, puede convertirse en un quehacer divino, porque en el servicio de Dios todo trabajo tiene su importancia. San Josemaría decía, como bien sabéis: «Hijos míos, allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo (…) Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres» (Conversaciones, 55 y 113). La santificación en el trabajo o por el trabajo.
En un discurso a los sacerdotes el papa León XIV, resaltando las palabras de Jesús a la mujer samaritana: «Si conocieras el don de Dios» (Jn 4, 10), comentaba: «El don, como sabemos, es también una invitación a vivir una responsabilidad creativa. No estamos simplemente insertos en el río de la tradición como ejecutores pasivos de una pastoral ya definida, sino que, al contrario, con nuestra creatividad y nuestros carismas, estamos llamados a colaborar con la obra de Dios» (Discurso a los sacerdotes de Roma. Vaticano, 19.II.2026).
2.- Estamos llamados a poner a Cristo en el centro de toda actividad humana, mediante un trabajo santificado, santificante y santificador. Nuestro trabajo ordinario, vivido con este espíritu, constituye una fuente fecunda de evangelización y de crecimiento del Reino de Dios en el mundo.
En el curso de una discusión de Jesús con algunos judíos leguleyos, que no querían reconocer que Dios puede trabajar en el día del sábado, les respondió: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo» (Jn 5, 17). Jesús, que es Dios, supera las leyes humanas deshace la prohibición de trabajar en sábado.
Este debate sigue todavía abierto y actual, como dijo el cardenal Ratzinger: «Algunos piensan que Dios, después de la creación, se ha retirado y ya no muestra interés alguno por nuestros asuntos de cada día. Según este modo de pensar, Dios no podría intervenir en el tejido de nuestra vida cotidiana; sin embargo, en las palabras de Jesucristo encontramos la respuesta contraria. Un hombre abierto a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios obra siempre y de que también actúa hoy; por eso debemos dejarle entrar y facilitarle que obre en nosotros. Es así como nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad» (Dejar obrar a Dios, en L'Osservatore Romano, Roma, 7.X.2002).
A eso estamos llamados, queridos hermanos; a abrir el futuro, a renovar la humanidad.
Mons. Fernando Ocáriz, Prelado de la Obra, en su Mensaje de 2026, dice: «Los permanentes cambios en las realidades profesionales y sociales nos interpelan para encontrar el modo de que el Evangelio impregne el sentido del trabajo y contribuya a humanizar -y, por tanto, cristianizar- las relaciones laborales y todas las formas de trabajo, transformando la labor cotidiana en un servicio generoso y lleno de sentido. La formación que recibimos es un impulso para configurarnos con Cristo y vivificar el mundo desde dentro».
Vemos que hay una misma línea de pensamiento entre los autores citados; esa línea debemos trabajarla hoy, a pesar de que cambien las circunstancias, sean laborales o culturales. Estamos llamados a transformar el mundo desde dentro y a vivir el trabajo como colaboradores y co-creadores con Dios.
En ocasiones hemos oído a la gente decir que, si le tocara la lotería, una quiniela u otro tipo de suerte, dejaría de trabajar. Considero que no deberíamos dejar de trabajar, porque es colaborar con el Señor en una obra hermosa.
3.- Veamos ahora el futuro al que nos invita el Prelado de cara al Centenario de la Obra, para prepararlo en varias etapas. La primera va desde el 2 de octubre del presente año hasta el 2 de octubre de 2027; y él sugiere «profundizar en la idea de ser contemplativos en medio del mundo, con la que nuestro Padre condensaba muchos elementos del espíritu del Opus Dei: la filiación divina, la Misa como centro y raíz de nuestra existencia, el valor de la vida ordinaria y la belleza de descubrir ese algo divino escondido en las realidades más comunes del trabajo, la familia y la vida ciudadana». Trabajo que comenzará después del verano con el nuevo curso.
Desde entonces hasta el comienzo del Centenario (2 octubre de 2028), dice que «desearía que tuviéramos más presentes las enseñanzas de san Josemaría sobre la amistad y la confidencia, siendo cada una y cada uno para los demás Cristo que pasa, y descubriéndolo también en los demás».
Y, «finalmente, del 2 de octubre de 2028 al 14 de febrero de 2030 os invito a meditar sobre el trabajo, desde la secularidad, partiendo del pensamiento de san Josemaría: «Santificar el trabajo, santificarnos con el trabajo, santificar a los demás con el trabajo», inspirando la transformación del mundo según el corazón de Jesús».
Ahí queda la invitación del Prelado, que os transmito. Hay, pues, un precioso proyecto de cara al Centenario de la Obra. ¡Ánimo y adelante!
Pidamos al Señor, por intercesión de san Josemaría, lo que hemos rezado en la oración colecta de hoy: proclamar la vocación universal a la santidad y al apostolado y que en el ejercicio del trabajo ordinario nos configuremos con Jesucristo y sirvamos con ardiente amor a la obra de la Redención.
¡Que la Santísima Virgen María nos proteja, nos acompañe en el camino de la vida y en el proceso de preparación para el próximo Centenario y nos ayude a transformar este mundo actual nuestro a la Luz del Evangelio! Amén.
