FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE RIVAS
(Rivasvaciamadrid, 31 mayo 2026)
Lecturas: Ex 34, 4b-6.8-9; Sal: Dn 3, 52-56; 2 Co 13, 11-13; Jn 3, 16-18.
(Domingo Santísima Trinidad. Jornada pro Orantibus)
1.- Queridos fieles todos, hoy damos gracias al Dios trino por el regalo del título de la imagen de «Nuestra Señora de Rivas», cuyo decreto lo firmaba el obispo de la diócesis de Alcalá de Henares, Mons. Antonio Prieto Lucena, el 2 de abril del 2025.
La parroquia goza ya desde entonces del título de «Nuestra Señora de Rivas». Desde hace años, dada la originalidad de la imagen y de la realidad de la comunidad cristiana en Rivas, que inicialmente pretendió ser una «ciudad sin Dios», como sabéis los que lleváis más tiempo aquí, parecía importante dar una advocación a la Virgen de la parroquia.
Quiero felicitaros a todos, de modo especial a D. Jesús, el párroco, y a los que vivisteis aquella época en que Rivas se consideraba un lugar donde no debía haber signos religiosos. Pero, al final, la Providencia hizo que pudiéramos construir este hermoso templo, signo de la presencia de Dios entre los hombres. Y la «ciudad sin Dios» se ha convertido en la «ciudad con Dios».
Al párroco con su Consejo pastoral, tras una larga reflexión y consulta a vosotros, los fieles, les pareció bien la advocación «Nuestra Señora de Rivas». ¡Os felicito por esta iniciativa, que ha llegado a buen puerto!
2.- Se ha tomado como día de su fiesta el 31 de mayo, coincidiendo con la liturgia de la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel (cf. Lc 1, 39-44). Al igual que María salió al encuentro de su prima, que tenía necesidad de ayuda en la espera del nacimiento de Juan Bautista, así María, bajo la advocación de «Nuestra Señora de Rivas», sale al encuentro de su pueblo, sale a vuestro encuentro, a los fieles que la veneráis en Rivas-Vaciamadrid y muestra el fruto y el tesoro de su seno, Cristo el Señor.
Es una invitación a desarrollar en nuestra comunidad parroquial el deseo del papa Francisco de comunidades cristianas que salen hacia afuera, que testimonian la fe, que acogen a todos, que escuchan y acompañan. Una comunidad no puede quedarse centrada en sí misma.
3.- El proceso de creación y consolidación de la comunidad cristiana en Rivas-Vaciamadrid ha tenido muchos obstáculos y oposición, como bien conocéis; pero la Virgen María siempre ha acompañado y dado fuerzas para seguir danto testimonio cristiano. La presencia de la fe cristiana en Rivas, según datos de la historia, se remontan, nada menos, que al siglo XII, cuando había ya una pequeña ermita donde se celebraba la fe.
Esta advocación de «Nuestra Señora de Rivas» tiene ahora un rostro y una imagen, a la que los fieles pueden acudir y sentir el amor de su Madre celeste, que los lleva en su corazón y los cuida.
Este templo parroquial, auténtica joya del arte contemporáneo, tiene un retablo moderno de luz y color, con siete aperturas de luz, que representan la luz de Dios, los siete sacramentos y los siete dones del Espíritu Santo, cuya fiesta de Pentecostés celebramos el domingo pasado.
Es bueno que el arte nos eleve hacia Dios; y que lo conozcamos para sacarle mejor fruto. María aparece iluminada como imagen de la Iglesia, como comunidad cristiana que vive y celebra la fe y que está llamada a transformarse y transfigurarse. La meta es llegar a Dios y elevarse hacia él.
4.- En el escrito de petición de esta advocación los responsables de la parroquia decíais: «Creemos, también, que, con esta advocación, llevaremos a cabo un proyecto pastoral para difundir el culto a la Virgen, su amor a ella y la oración. Rivas tiene necesidad de referentes y símbolos que nos ayuden a dar una identidad cristiana a nuestro pueblo. Poder dirigirnos a la Santísima Virgen con un nombre concreto, nos ayudará a poder llenar la vida de fe con un rostro y una historia concreta y encarnada, que nos ayudará a unirnos más con el Señor y su bendita Madre».
Esta advocación nace también con el deseo de crear de la mano de María comunidades cristianas al estilo de lo descrito en Evangelii gaudium por el papa Francisco. Al igual que el actual papa León XIV insiste en la misma línea, como decía en la carta enviada a los cardenales para convocarles al próximo consistorio (26-27 junio): «A nivel comunitario, insta al paso de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, en la que las comunidades sean sujetos vivos del anuncio: comunidades acogedoras, capaces de utilizar un lenguaje comprensible, atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, de acompañamiento y de sanación» (Vaticano, 12 abril 2026).
La fe en Dios sana los corazones rotos, sana el dolor; no hace falta acudir a modas actuales de los medios televisivos. La relación con Dios es sanante y salvante: sana y redime.
5.- La imagen de «Nuestra Señora de Rivas» es un icono del arte sacro contemporáneo, realizado por Javier Viver Gómez, escultor, fotógrafo y autor de numerosas obras de arte.
Su obra propone un debate entre la imagen y la iconografía como medios de aparición de lo invisible. Javier dirige el Observatorio de lo Invisible en el Monasterio del Escorial, donde anualmente se dan cita un centenar de artistas en una propuesta abierta a la transcendencia.
La imagen que contemplamos de «Nuestra Señora de Rivas», realizada en resina blanca por este escultor para esta parroquia de santa Mónica en el año 2008, juega con diferentes texturas y diversas formas. Como veis, es una «Virgen Dormida», aludiendo a la teología y la reflexión de la «Dormición de la Virgen». Por eso está suspendía en el aire, jugando con los movimientos ascensionales del ropaje de la Virgen, que le da una belleza delicadeza y ligereza, dando la sensación de ese momento preciso cuando la Virgen María se duerme y es asunta a los cielos.
El rostro y las manos de la Virgen son de un gran realismo, que cautiva a quien la mira, dando una sensación de paz y serenidad, invitando a trascender la mirada hacia el cielo, hacia Dios. Aquí está la seña de identidad de este artista de hacer visible lo invisible.
6.- Deseo que continuéis contemplando la imagen. El arte, sobre todo el moderno, tiene la virtualidad de permitir al espectador descubrir aspectos subjetivos. Quiero que os percatéis de que la Virgen está entre nubes, ascendiendo.
Y también que su vestido de pliegues que la rodea y la eleva nos acoge a cada uno de nosotros. Estamos todos en los pliegues de su vestido, acogidos en su manto; mirad cada uno dónde se encuentra o dónde quiere colocarse. Podéis llamarle nube o manto, no importa; pero es preciosa la imagen que nos acoge a todos, que nos lleva, que nos acompaña hacia el cielo.
No perdamos de vista la maravilla que hace la Virgen con nosotros; porque teológicamente eso es lo que hace: nos acompaña desde este mundo hacia la eternidad, hacia la trascendencia.
7.- La liturgia de este domingo de la Santísima Trinidad presenta el misterio de Dios trascendente y cercano a la vez, celebrando y contemplando al Dios uno y trino. Dios se revela al hombre y quiere encontrarse con él. Nosotros creemos en el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Co 1, 3), porque Él nos lo ha revelado.
En esta fiesta de la Santísima Trinidad, a quien adoramos, queremos venerar a la Virgen, «Nuestra Señora de Rivas», porque ella es hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo y esposa del Espíritu Santo; la Virge es trinitaria y quiere que seamos trinitarios. ¡Vivid la dimensión trinitaria! Os pido que os fijéis ahora en la forma cuadrangular de la imagen, que nos sugiere la señal de la cruz. Si nos fijamos en los extremos de la imagen de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha, podemos trazar la señal de la cruz: en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Al contemplar la imagen, podéis sacar más cosas.
La Virgen «Nuestra Señora de Rivas» intercede y acompaña a la Iglesia y a nuestra comunidad parroquial de santa Mónica.
8.- Los cristianos vivimos este misterio de la Trinidad, que es misterio de amor, y se nos anima a ofrecerlo a nuestros coetáneos, aunque resulta difícil hablar de Dios hoy en una sociedad secularizada y neopaganizada.
Solo Dios es digno de adoración. Como hemos escuchado en la primera lectura, Moisés adora a Dios inclinándose y postrándose en tierra (cf. Ex 34, 8); por eso lo aclamamos con bendito y alabado por los siglos (cf. Dn 3, 52-43).
Nosotros no adoramos a personas humanas ni a los ídolos. Muchos cristianos, a través de la historia, han sido martirizados por no rendir culto a emperadores, a reyes e incluso a seres inanimados; por no doblegar su cerviz ante los poderes de este mundo.
Queridos hermanos, nuestra sociedad necesita testigos valientes que profesen la fe en Dios Trino y que amen filialmente a la Virgen, bajo esta advocación de «Nuestra Señora de Rivas». Pedimos que ella nos acompañe e interceda por todos nosotros al Señor. Que así sea.
