Mientras diviso aislado la ciudad de Málaga, leo que los fallecidos en España por coronavirus han superado la barrera de las 20.000 personas. Existe un paralelismo sorprendente entre el camino a la cruz de Cristo y el de millares de personas que enferman de Covid-19 con resultado de muerte. Permítame el lector que desgrane las similitudes.
Jesús fue condenado a muerte y hay quien, al ser diagnosticado positivo, sabe que se enfrenta probablemente, si es grupo de alto riesgo, a su muerte. Jesús cargó con la cruz y el enfermo cargará con su cruz. Jesús cayó cargando la cruz y el enfermo con sintomatología también caerá en el camino de la vida. Jesús se encontró con su madre camino de la cruz y para el enfermo el apoyo de los familiares también será bálsamo. Jesús recibió la ayuda de un desconocido en su viacrucis y también el enfermo sentirá la ayuda de personas que no conoce y le ayudarán.
Cuenta la tradición que el rostro de Cristo lo limpió Verónica, también el enfermo encontrará consuelo al ser cuidado. Jesús volvió a caer con la cruz como el enfermo cuando vea agravado su estado. Jesús consoló a las mujeres de Jerusalén camino del Calvario mientras el enfermo podrá consolar a quienes lo tratan pidiendo que se cuiden. Jesús cayó por tercera vez y al igual que el Nazareno el enfermo también notará que sus fuerzas se debilitan. Jesús fue despojado de sus vestiduras como el enfermo crítico que se enfrentará a su destino desnudo, sin nada. Cristo fue clavado en la cruz mientras el enfermo postrado también asumirá sus últimos momentos. Cristo murió solo, aunque a una distancia alcanzable solamente por el amor de su madre; el enfermo aislado cuando fallezca será arropado, de igual modo, en la distancia, por los suyos. Jesús es descolgado de la cruz y depositado en el sepulcro al igual que el cadáver del enfermo que será trasladado al féretro y depositado en el sepulcro o crematorio. En fin, un viacrucis estremecedor como el de Cristo el que estamos viviendo.
