- Narrar con pasión la propia experiencia de fe, más que explicar conceptos.
- Celebrar la fe con los niños y enseñar a orar orando con ellos.
- Revisar y llevar a la propia vida los valores y actitudes que intenta transmitir a los niños.
- Sentir y hacerles vivir a los niños que no caminan solos, sino que forman parte de una comunidad parroquial, y por lo tanto, de la Iglesia.
