Hace ya más de ciento sesenta años que la Iglesia implica a los niños en su tarea misionera.

Su oración, su modesta aportación económica y sus pequeños compromisos son tan valiosos como la moneda que echó aquella abuela en el cepillo del templo, ante la mirada dulce de Jesús.

Al verse implicados en esta tarea, los niños, siempre curiosos, descubren toda la grandeza del trabajo misionero de la Iglesia y aprenden a valorar más el Evangelio.

EL VALOR DE UN EURO

La Obra de la Santa Infancia o Infancia Misionera, cuya Jornada celebramos hoy, les enseña que todos tenemos algo que dar y mucho que recibir de los demás. Basta con explicarles lo que se puede hacer con el euro de sus ahorros que entregan o el valor especial de su oración, para que los niños se movilicen y saquen a relucir lo mejor de sí mismos. Además, les encanta saber que también ellos son Iglesia y que la Iglesia cuenta con ellos para proclamar el Evangelio.

Esta dimensión misionera de los niños está hoy un tanto descuidada. Bastaría con preguntarnos en cuántas parroquias se celebra la Jornada que hoy les anunciamos, qué tiempo se le dedica, cómo se la inserta en la catequesis y con qué medios se la hace llegar a todo el Pueblo de Dios.

“PAPÁ, VAMOS A MISA”

Sin embargo, hay otra dimensión misionera de los niños que conviene resaltar. Porque son muchos los que, sin saber lo, están colaborando a que sus padres regresen a la fe que abandonaron un día. Unos, porque piden el bautismo para celebrar la primera comunión; otros, porque no dejan de preguntar a sus padres sobre lo que escuchan en la catequesis; y todos, porque los niños son el vehículo más elocuente de la gracia de Dios.

Entrevista a D. Lorenzo Orellana

D. Lorenzo Orellana, delegado episcopal de Misiones, explica a Vanessa Olmedo, en Iglesia en Málaga (COPE Radio) el sentido de la Jornada de la Infancia Misionera.