El Camino Neocatecumenal ha recibido la aprobación de sus estatutos. Esto de la aprobación de los estatutos es un hito histórico y supone, sin duda, un espaldarazo de Roma a la iniciativa catequética con la que el leonés Kiko Argüello arrancó allá por la década de los sesenta junto a la soriana Carmen Hernández.

El proceso de educación en la fe que propone el Camino Neocatecumenal, bebe directamente de la tradición de los primeros siglos de la Iglesia y se vertebra a través de diferentes etapas que permiten crecer progresivamente como cristianos.

Esto dicho así, está muy bien dicho, pero tenía que quedar plasmado en unos papeles, en unos estatutos, para que quedase definido con vistas a tener carta de ciudadanía en el seno de la Iglesia y también, todo hay que decirlo, para que los obispos y párrocos sepan a qué atenerse cuando se propone que el camino neocatecumenal se introduzca en una parroquia o en una diócesis.

El Camino está presente en Málaga, su provincia y Melilla y busca despertar la fe dormida, desplazar el tipo de vida pagana que muchos bautizados tienen en beneficio de un tipo de vida creyente con todas las consecuencias. Ciertamente todo un reto.

Por eso, este nuevo impulso dentro del seno de la Iglesia ha sido entendido como una bendición por sus fundadores hasta el punto de que Kiko Argüello, señaló, una vez conocida la aprobación vaticana, que se lanzarán “de lleno a la evangelización, también en los países de antigua tradición cristiana, en los que, poco a poco, muchos ciudadanos han ido perdiendo la fe”.