Mons. Dorado, en su carta pastoral titulada <a href='http://www.diocesismalaga.es/index.php?mod=prensa&secc=voz&id=20080427'>Los enfermos, piedras vivas de la Iglesia</a>, afirma que ofrecer todo el apoyo necesario a los enfermos es “un signo elocuente de la autenticidad de las comunidades cristianas.
En algunos casos, esta ayuda puede consistir en resolver trámites burocráticos y acompañarlos al médico; con frecuencia, en ofrecerles compañía y escucha; a veces, en anunciarles el Evangelio, para que descubran el sentido de su situación a la luz de Jesucristo crucificado”.
"Además -continúa- es imprescindible la visita periódica del sacerdote, para que las personas que lo deseen puedan recibir el sacramento del perdón y descubrir su conciencia a quien la Iglesia ha dado la potestad de perdonar los pecados en nombre de Jesucristo. Su visita no resta importancia a la de los otros miembros de la comunidad, y siempre alegra al enfermo, que se ve querido y valorado.
