¿Qué hacemos los padres y madres de familia? ¿Cómo y cuándo le hablamos a nuestros hijos de la vocación?
Aunque parezca mentira, el sacerdote sigue estando “bien visto” entre la gente sencilla. Lo comprobamos durante la semana de campaña vocacional del Seminario, en unas encuestas callejeras que hicimos para el programa “Usted, ¿qué cree?” de Popular Tv Málaga. Ante la pregunta “¿cómo piensa usted que vive un cura?” casi la totalidad de los encuestados respondieron que viven bien, pero con austeridad y al servicio de los demás. La cosa cambió al preguntarles qué les parecería que un hijo o familiar les dijese que iba a ser cura. La mayor parte de los encuestados preferían ni planteárselo.
Sin embargo, la familia es la primera animadora de la Pastoral Vocacional, porque la vocación no es algo de curas y monjas, sino que todos estamos llamados por Dios a la felicidad, y en eso consiste la vocación, en discernir “dónde me quiere Dios y cómo puedo servir mejor a los demás”.
Por este motivo, el Seminario Menor celebra este domingo una convivencia con las familias. Es el tercer año que se celebra y consiste en un encuentro festivo de padres, hermanos, abuelos, amigos, colaboradores del Seminario Menor, seminaristas y monitores.
El objetivo de este día de convivencia es “conocerse un poco mejor y compartir el Plan de Formación que lleva el Seminario Menor con estos chavales”, afirma el rector del Seminario Menor, Javier Guerrero. Se marcharán al campo, realizarán juegos y dinámicas que permitan la colaboración de todos. Compartirán un tiempo de diálogo sobre la evolución de sus hijos; y los responsables del Seminario Menor explicarán cuál es el planteamiento vocacional que proponen.
A la hora del almuerzo, el Seminario hará una paella y pondrá las bebidas; y los familiares llevarán productos típicos de sus pueblos para compartir. El día culminará con la celebración de la Eucaristía.
La diócesis de Málaga ha hecho un esfuerzo grande, en los últimos 13 años, para promocionar las experiencias vocacionales diocesanas. Es el caso de Monte Horeb y el Campo de Trabajo Lázaro (para jóvenes de 18 a 28 años), Sicar (para chicas de 12 a 18 años), el Seminario Menor (para chicos de esas mismas edades) y el encuentro anual de monaguillos y monaguillas.
Entre los padres de los seminaristas menores, los hay que están muy contentos con la decisión de sus hijos de no cerrar las puertas al sacerdocio; los hay que no querrían que sus hijos fuesen sacerdotes porque, tienen miedo de las dificultades que puedan vivir en su vida; y los hay que ni se lo plantean, pues aunque ven la necesidad de sacerdotes santos..., que no sean sus hijos.
La realidad es que un sacerdote no puede suplirse con un seglar, ni al contrario. Cada uno está llamado a una vocación diferente dentro de la Iglesia. Y la Iglesia nos ofrece experiencias para ayudar a los niños, adolescentes y jóvenes a discernir la llamada de Dios en su vida. Pero, ¿qué hacemos los padres y madres de familia? ¿cómo y cuándo le hablamos a nuestros hijos de la vocación?
En nuestras manos está.
