Para san Ignacio, la vida espiritual, como la humana, es dinámica, nunca estática: o crecemos o disminuimos. Por eso, concibió los Ejercicios Espirituales, un método para crecer en libertad y en el seguimiento a Cristo, con el que aún hoy se sigue enriqueciendo la Iglesia.

Pero no es necesario retirarse del mundo durante un mes para avanzar en este camino interior. La posibilidad de realizarlos en la vida corriente ha sido abrazada por muchas personas a lo largo de la historia.

En nuestra sociedad, supone una buena forma de combinar los compromisos laborales y familiares con un itinerario espiritual que nos aportará grandes beneficios.

Hoy presentamos el testimonio de José Antonio, que está realizando los ejercicios, y del Padre Naranjo, acompañante de Ejercicios en la vida ordinaria.

Juan F. Naranjo, S.I., es canario, pero está estrechamente vinculado a la diócesis de Málaga, donde ha vuelto a residir y trabajar apostólicamente desde hace unos meses.

Él dirigió el centro Xavier desde el año 1992 al 1999 y trabajó en la pastoral del colegio San Estanislao, en El Palo. Hoy es director del Centro Arrupe, colabora en la pastoral del Colegio S A FA-Icet, es voluntario de Entreculturas Málaga y además, acompaña en Ejercicios Espirituales (EE.EE.) en la vida ordinaria. Para él, “san Ignacio de Loyola concibe un método, experimentado a lo largo de los siglos en la Iglesia, que te ofrece la posibilidad de que vayas creciendo en libertad y en el seguimiento a Cristo; y en servicio a Él y a los demás. Y así llegar a realizarte plenamente como persona y alcanzar tu felicidad desde ahora y para siempre. Partiendo del “buscar y hallar” el plan salvífico y liberador que Dios quiere para ti, llegar a en todo amar y servir. ”

¿Que puedan realizarse en la vida ordinaria, sin marcharse a un retiro, es una novedad para atender a la vida moderna?

– No creas que es una novedad. Es algo que ya contemplaba San Ignacio en el siglo XVI: a quienes no puedan disponer de un mes entero para hacer los Ejercicios en retiro, se les puede dar en la vida ordinaria tan íntegramente como en retiro. No se trata de una “oferta rebajada” (Ejercicios “light”) ni de una moda.

¿Puede hacerlos cualquier persona, sea cual sea su edad, formación, madurez cristiana?

– Sólo es necesario que tenga deseos auténticos y eficaces de hacerlos. Uno de los principios más elementales para quien da Ejercicios es el de adaptarse a la capacidad del que los hace y sus expectativas: su edad, cultura, carácter, formación, su disposición, ritmo, empeño, capacidad, el momento actual que vive, etc.

¿Qué es lo que debe buscar el ejercitante cuando inicia este camino?

– Quizá aclare más lo que no debe buscar directamente para que no se engañe: una terapia psicológica, aprender a hacer oración, conocer la espiritualidad ignaciana, tener un acompañamiento o dirección espiritual, adquirir mayor formación teológica, hacer algo que te llene... Alguna de estas cosas evidentemente puedes encontrarlas si haces Ejercicios; pero los Ejercicios no pretenden eso. Son más bien para lo que te decía al comienzo sobre cómo los concebía san Ignacio; y, si quieres hacerlos, debes estar dispuesto y con ánimo para embarcarte en esa tarea.

¿Cuál es el papel del acompañante de ejercicios en la vida ordinaria?

– En palabras de Ignacio el acompañante debe “dar modo y orden para contemplar y meditar”. Facilitar que tú por ti mismo te encuentres con Dios en lo más hondo de tu ser y que movido directamente por Él escojas por ti mismo tu propio camino. Los Ejercicios los tendrás que hacer tú y el acompañante no debe interferir en absoluto. Aunque el acompañante sí que tiene el papel de ayudarte a descubrir los engaños y los sueños que puedas sufrir y a manejar los diversos estados de ánimo por los que vas a ir atravesando. Pero nunca interferir, ni menos aún sustituir a tu propia conciencia y libertad.