José Sánchez Vázquez es uno de los capellanes que atiende el Hospital Civil en días alternos. Su trabajo comienza a las 8,30 de la mañana en la capilla. Allí ofrece al Padre su trabajo del día y le pide fuerzas para la tarea que está a punto de comenzar.

En torno a las 9,30 se pone la bata y comienza su ronda por todas las habitaciones del centro. Hay enfermos nuevos que ingresaron el día anterior.

–“¡Buenos días! No, no se vayan (a los familiares) que no soy el médico, que soy el cura”. Comienza entonces un diálogo sencillo en el que el enfermo y su familia relatan el motivo de la hospitalización y las inquietudes y las dudas que les surgen. El papel del capellán, a veces, se limita sólo a escuchar. En la Pascua del Enfermo que celebramos hoy la Iglesia nos propone : “Acoger, comprender, acompañar”.

Ante el dolor y el sufrimiento que se palpa en un hospital, Sánchez recuerda las palabras que una vez le dijo una religiosa que atendía a enfermos en el Cottolengo, mientras intentaba convencerla de ir a ver los tronos de la Semana Santa.

“Para qué quiero ir a ver Cristos, si aquí estoy rodeada de cristos sufrientes y dolientes”. Estas palabras de Sor Presentación calaron tanto en el corazón de José Sánchez, que nunca las ha olvidado y siempre le han ayudado a sentirse cercano a las personas que sufren. “Los enfermos –señala– nos enseñan a sufrir, a aceptar, a tener fe, a ser pacientes, a escuchar a todos, a vivir y a ilusionarnos con el día a día”.

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

En opinión del capellán del Hospital Civil, la forma de afrontar la enfermedad es muy diferente, dependiendo de si la persona es o no creyente. Los no creyentes se suelen rebelar y decir: “¿Dónde está Dios? ¿Por qué a mí?”. Sin embargo, la persona que tiene fe acepta y da sentido a la enfermedad, porque la ve a la luz de Dios.

La mayor parte del trabajo del capellán consiste en acoger y acompañar al enfermo durante su hospitalización, pero hay algunos, “sobre todo los que están insertos en parroquias o movimientos”, que piden una atención más específica.

“Algunos piden que les lleve la comunión, la unción...”, señala. Respecto a este último sacramento, Sánchez confirma que todavía hay muchas personas que lo relacionan directamente con el momento de la muerte. “Yo les digo que la unción es un sacramento de curación. Y que escuchen las diversas oraciones del ritual que voy pronunciando. Al final, me dan la razón y me dicen que es verdad, que son oraciones muy bonitas y esperanzadoras”.

Con su buen humor, Sánchez trata de hacer más llevaderas las largas estancias en el hospital porque, según él, “el estado anímico es fundamental para recuperarse de la enfermedad”. En su trabajo, Sánchez no se ve solo.

“Los familiares –las hijas de los enfermos, sobre todo– son auténticos ángeles de la guarda que se desviven por sus familiares. El Señor se vale de ellas como de mí”. Al final de la jornada, de vuelta a casa, un pensamiento: “ Yo trabajo, y Dios que recoja”.