"En nombre de Dios, pido a todos los responsables de esta espiral de violencia que depongan sus armas", afirmó en su residencia de verano de Castel Gandolfo, en las afueras de Roma.

El Papa pidió un alto el fuego inmediato

"Pido a los dirigentes gubernamentales y a las instituciones internacionales que no escatimen ningún esfuerzo para obtener el necesario cese de las hostilidades y para que sean capaces de construir, mediante el diálogo, una coexistencia duradera y estable para todos los pueblos de Oriente Próximo", señaló el Papa.

"En este momento yo no puedo ayudar, pero pienso en la situación, cada vez más grave y trágica, que está atravesando Oriente Próximo: cientos de muertos, numerosos heridos, un número creciente de personas sin hogar y de refugiados, casas, ciudades e infraestructuras destruidas, mientras en los corazones de muchos parecen crecer el odio y el deseo de venganza", prosiguió el Pontífice.

"Estos hechos demuestran claramente que no se puede reestablecer la justicia, crear un nuevo orden y construir una auténtica paz recurriendo a la violencia",concluyó.