Como todos los años, a mediados de diciembre, el Movimiento Cultural Cristiano (MCC) organiza una marcha solidaria con la que tratan de “dar un grito público en la Navidad que denuncie todos los crímenes que está sufriendo la humanidad en este siglo XXI”.
Tendrá lugar el sábado 17 de diciembre, con salida desde la plaza malagueña de La Merced, a las 12 del mediodía. Se llevará a cabo bajo el lema “Frente al crimen político del hambre, el paro y la esclavitud infantil”, y habrá un acto central en solidaridad con los inmigrantes.
El próximo domingo 11 de diciembre a las 12.30 horas, en la parroquia del Carmen de Málaga, tendrá lugar una Eucaristía que ofrecerán por la justicia. Esta Eucaristía será el prólogo de la XIII marcha solidaria que recorrerá las calles de Málaga.
Este gesto de solidaridad es una respuesta más de los miembros del MCC a la llamada del Concilio Vaticano II a que los laicos se comprometan en la transformación de nuestro mundo. Un mundo que, en ocasiones, ha perdido la esperanza. Los miembros del Movimiento Cultural Cristiano (MCC), organizadores de la mar cha solidar ia, af irman que ésta suele contar con una gran respuesta por parte de diferentes parroquias y asociaciones.
Frente al consumismo que reina a lo largo de estas fechas, el MCC propone un contraste de solidaridad. Según ellos, “El imperio nos ha contagiado la mentira del ‘no se puede hacer nada’. Sin embargo, Juan Pablo II no se cansó de decirnos ‘no tengáis miedo’. Las propuestas que hacemos no son nuestras, ya están hechas en la Doctrina Social de la Iglesia con Pablo VI o con Juan Pablo II. La responsabilidad del laico es la transformación del mundo de la cultura, la economía, la política y la sociedad, frente a las estructuras de pecado que generan este sufrimiento y con las que todos colaboramos. Todo cristiano, y el laico en especial, está llamado a construir el Reino de Dios y su justicia”.
Para los miembros del MCC, “el problema es que los que vivimos con 20.000 euros de Renta Per Cápita no vamos a querer renunciar a ellos, si no es desde un planteamiento de conciencia, pues es en este ámbito de la concienc ia donde se libra la auténtica batalla por la justicia.
Esta lucha en un mundo que manipula nuestras conciencias permanentemente no es posible sin la asociación que combata esa manipulación y que nos permita lanzarnos a la lucha por el Reino de Dios, desde la armonización de la contemplación y la lucha”.
Coinciden con Guillermo Rovirosa en “que ‘el cristianismo no es una cosa más en la vida del cristiano, algo así como ‘las sobras’ de lo que las otras cosas permiten, sino que es lo único necesario, de tal manera que todo lo demás toma su dimensión en función del vivir cristiano”.
“Los laicos estamos llamados a la transformación del mundo, como nos anima el Concilio Vaticano II; a vivi r nuestra vocación sin complejos y sin reduccionismos. Vivir una espiritualidad de encarnación nos ha de llevar a vivir la Fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a los Pobres de manera radical.
Asumimos la definición que de la solidaridad hace la Doctrina Social de la Iglesia, y que fue expresada por Juan Pablo II en varias encíclicas: ‘Solidaridad es compartir incluso lo que necesitamos para vivir’”.
