La capilla del Seminario de Málaga está dedicada a la figura del Buen Pastor.A la imagen de Jesús, con un corderillo en brazos, le acompaña una gran cruz con la inscripción, en latín: “Pastor Bueno, haznos buenos pastores, capaces de dar la vida por las ovejas”. Esta frase acompaña a los seminaristas malagueños a lo largo de toda su formación y de su posterior ministerio.
Hacer carne este lema será el objetivo, por ejemplo, de los cinco hombres que, como anunciamos la semana pasada, está previsto que reciban la ordenación este sábado, día 10, a las 11 de la mañana, en la Catedral.
Germán García, de 27 años, y Emilio López, de 26, recibirán el diaconado. Por su parte, los diáconos Blas Cerezo, de 43 años; Francisco Sánchez, de 34; y José Antonio Vilariño, de 44, recibirán de manos del Sr. Obispo el orden en el grado de presbíteros.
Entrevista a Antonio Aguilera
A pesar de la crisis vocacional, nuestra diócesis tiene que dar muchas gracias a Dios, pues en los últimos años sigue enviando obreros a su mies.
Hemos querido conocer la opinión del máximo responsable de la formación de nuestros nuevos curas con respecto a la vitalidad vocacional de nuestra diócesis y a los nuevos curas
– Esta semana se ordenan cuatro nuevos ministros al servicio de la Iglesia de Málaga. Usted, que los conoce bien pues los ha formado durante años, ¿qué destacaría de ellos?
Como base, yo diría que son personas que han escuchado con hondura la llamada del Señor, que ven la necesidades de la gente y que ofrecen su vida como servidores. Es decir, en su vida está Dios, está la gente y existe en ellos la pasión por vivir y llevar el Evangelio. ¡Seguro que van a ser felices y buenos instrumentos para la evangelización! Luego, cada uno tiene sus características propias, sus matices, su forma de ser... Pero, visto su proceso de años de Seminario, serán hombres de Dios al servicio de cada una de las personas que ese mismo Dios, a través de la Iglesia, ponga en su camino.
Y lógicamente tendrán que vivir los retos propios de esta atmósfera ambiental que, necesitando profundamente de Dios, como que intenta prescindir de lo religioso. No es fácil evangelizar... ¡pero es imprescindible y enormemente gozoso!
–¿Qué siente un rector cuando se le marchan sus alumnos?
Cuando se marchan porque han llegado al final, se siente un gozo muy grande: ¡Bendito sea Dios que los llamó, que los ha trabajado, que se ha servido de nosotros (profesores, formadores, compañeros, personal laboral...) y que ya los envía al campo concreto! Sí, se siente una gran satisfacción.
Y brota una oración espontánea, recordando lo que dejó el obispo Don Manuel González en la cruz de la capilla del Seminario: Pastor Bueno, hazlos (haznos) buenos pastores, dispuestos a entregar la vida por las ovejas.
Satisfacción, oración por ellos... y un deseo muy grande de que sean todo lo felices que puede ser toda persona que se entrega a la causa del Evangelio: el Señor da, ya en esta vida, el ciento por uno.
Finalmente, una petición a ellos: alguien os ayudó a descubrir y a madurar la vocación a la que Dios os llamaba, ¡agradecédselo siempre!
Sed muy agradecidos en todo momento a todos y en todo. Y. . . ayudadles a los jóvenes que os encontréis a disfrutar y gozar la grandeza de descubrir y madurar su propia vocación.
¿Cómo valora el curso pasado?
Cada curso tiene sus dificultades y sus buenos momentos. Pero, creo que con acierto, en el 2004-05 se ha seguido lo planteado en el proceso normal de formación de pastores que vemos necesita nuestra diócesis de Málaga hoy.
Los muchachos se han esforzado bien en las distintas dimensiones de la formación integral: la dimensión humana, la dimensión espiritual, la dimensión intelectual, la dimensión comunitaria y la dimensión pastoral. Trabajando bien cada una de estas dimensiones, hemos ido creciendo todos.
Sí que ha habido una insistencia especial en la madurez humana, conscientes de que es el pilar básico para todo lo demás.
