Muchas personas encuentran hoy dificultad para acceder a un contrato de trabajo o, cuando lo consiguen, es un trabajo tan precario e inestable que les marca una vida llena de inseguridad.

Ante la exclusión, trabajo digno

Su precaria e inestable vida laboral afecta profundamente a su vida personal, familiar, social… Así se produce una situación de cuesta abajo y de deterioro vital que afecta a un número importante de personas.

La precariedad tiene nombre de mujer

Teresa Bote, casada, con dos hijos, sindicalista. En 1992 dejó de trabajar para cuidar de sus dos hijos. Su último trabajo duró 2 meses, de agosto a septiembre pasados, como limpiadora en el Aeropuerto de Barajas. Ella misma nos cuenta su experiencia: “La precariedad es no tener la seguridad de que vayas a trabajar y a cobrar todos los meses. No me muero de hambre pero sé que no tengo para muchas cosas. Cuando tengo trabajo, me doy un respiro y me dedico a tapar los huecos de meses atrás, y tirar hasta la siguiente vez que me quede en paro. Siempre estoy pensando si volveré a encontrar trabajo”.

En su trabajo comprueba la discriminación salarial por ser mujer. Teresa se queja de su situación y la de tantas mujeres como ella, pero también sabe por qué le pasa eso: “Las empresas sólo miran el dinero y la productividad.

No hay nada más. El capital no tiene ningún sentimiento, no le importa la sociedad. Es la inhumanidad total”.

Teresa es consciente de que hay que hacer algo para salir de esa situación de precariedad, de desigualdad: “Se tiene que avanzar en la educación de todos”.

Buscar la justicia

El Evangelio nos invita a mirar la realidad, fijándonos en lo que les pasa a las personas, sobre todo a los pobres: “La distinción entre los hijos de Dios y los del diablo es esta: quien no practica la justicia y quien no ama a su hermano, no es de Dios (…) Hijos míos, no amemos de palabra ni de boquilla, sino con hechos y de verdad” (1 Jn3, 10, 18)

La pobreza, la precariedad laboral y la exclusión social son resultado de la forma en que es tratado el trabajo de las personas. Luchar por un empleo digno es fundamental para combatir estos problemas.

Es necesario y posible

Es necesario que la realidad de los pobres y excluidos nos toque por dentro y nos lleve a un cambio en el modo en que estamos viviendo, trabajando y participando en la vida pública. Para combatir la pobreza y la exclusión es imprescindible:

  • Luchar por un trabajo digno y estable para todos.
  • Demandar con fuerza a las administraciones públicas que destinen los recursos necesarios y promuevan políticas de empleo que permitan salir de esa situación y no caer en ella
  • Trabajar para que las organizaciones sociales, sindicales, políticas, eclesiales, etc., den a la lucha por un empleo digno y estable para todos la importancia decisiva que tiene para la vida de las personas.