El IV Domingo de Pascua celebramos la XLII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. La Iglesia Universal nos invita a dedicar este día de una forma especial a la oración con el propósito de alentar nuevas vocaciones, personas decididas a seguir con valentía al Maestro y dejar de lado las cosas que nos “enredan”.
Esta jornada viene celebrándose desde que el Papa Pablo VI la instituyera en 1963, en pleno Concilio Vaticano II. El pontífice, que no cesaba de repetir que “cada vida es vocación” (Populorum progressio, 15) y que todo creyente tiene una misión en la edificación de la Iglesia, instauró esta jornada para alentar especialmente las vocaciones de los ministros ordenados y de las personas dispuestas a seguir a Cr isto en el camino exigente de la vida consagrada.
En nuestra diócesis, existe una delegación dedicada específicamente a la Pastoral Vocacional, y a su trabajo incansable hay que sumar la labor que realizan catequistas, padres y sacerdotes en cada una de las par roquias, que en esta Jornada unen sus oraciones al resto de la Iglesia Universal para pedir a Dios Padre que mande “obreros a su mies”.
Todos estamos llamados por Dios a vivir la santidad. El matrimonio, la vida consagrada, la misión o el sacerdocio son vocaciones igual de importantes, y nuestra sociedad está tan necesitada de personas dispuestas a decir “sí” a cada uno de ellos que la pastoral vocacional no suele reducirse a las vocac iones religiosas. Sin embargo, si cualquier tipo de compromiso serio y duradero está pasado de moda en nuestra sociedad, el religioso sufre aún con mayor fuerza las consecuencias de la secularización.
El mundo en que vivimos, y que hemos creado entre todos, pone serios obstáculos a las vocaciones religiosas, por lo que la pastoral vocacional debe trabajar duro en este campo. Pero ¿de qué sirve rezar en este caso?
Desde la delegación de Pastoral Vocacional nos explican que a pesar de las actuaciones concretas para alentar vocaciones, el poder de la oración es mucho, sobre todo en un asunto que depende directamente de la llamada de Dios a cada uno de nosotros. Por eso, no debemos olvidar el texto bíblico donde Jesús nos dice: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. (Lc 10, 1-9)
Esta jornada es vivida intensamente por todas las comunidades parroquiales y movimientos de la diócesis, que se unen de este modo a la oración de la Iglesia española y universal.
