Este domingo 17 de abril, se celebra el Día de la Misión Diocesana de Caicara del Orinoco. Cuando se cumplen 51 años de colaboración de la Diócesis de Málaga en Venezuela, recibimos noticias frescas del equipo de sacerdotes que está sirviendo en este lugar tan querido por la Diócesis de Málaga, situado al otro lado del océano.
Manuel Arteaga, un sacerdote malagueño que se ha marchado por segunda vez a servir en esta misión, nos cuenta sus impresiones al llegar de nuevo a Caicara: “lo que impresiona más agradablemente es ver una sociedad llena de vitalidad, la iglesia con gente de todas las edades. Hace unos días fui a una casa de Caicara a celebrar el responso por la muerte de una madre, a los 52 años, por infarto; el féretro estaba en la habitación de entrada.
Cuando invité a la oración, en seguida estuve rodeado por el marido y un montón de gente, pequeños y grandes”.
Con esta Jornada, se nos invita a ofrecer nuestras oraciones y nuestros bienes para que el Evangelio siga siendo proclamado en aquel entrañable rincón de la tierra.
El Papa Juan Pablo II viajó en dos ocasiones a Venezuela, en 1985 y en 1996. Nuestros misioneros diocesanos en la Misión de Caicara del Orinoco perciben, tras la muerte del Santo Padre, que, “en general, se ha sentido mucho la muerte del Papa, al que consideraban como un amigo, por la cercanía que siempre ha mostrado al pueblo y a la gente sencilla, sobre todo en las dos visitas de Juan Pablo II a este país, que dejó una huella imborrable.
Por este motivo, el Estado Venezolano ha decretado cinco días de luto oficial”.
Y bajando a las parroquias donde ellos desarrollan su servicio pastoral, destacan que este acontecimiento “ha afectado los sentimientos más profundos de los católicos, tanto de los practicantes como de los menos cercanos a la Iglesia; nos suelen preguntar en la calle y en los sitios donde vamos, sobre el Papa, sobre cómo será la sucesión, a la vez que muestran su dolor y su cariño de una manera espontánea y sin complejos”.
Los medios de comunicación de todo el mundo tienen los ojos puestos en la Ciudad del Vaticano y en la vida y las obras del Papa. En Venezuela, los medios de comunciación también se han mostrado abiertos y muy colaboradores en algunos programas que se han emitido por radio. Los misioneros malagueños que están en Venezuela afirman que han tenido la oportunidad de hablar de la figura de Juan Pablo II, de su doctrina y de las funciones propias que competen al sucesor de San Pedro; incluso han aprovechado este púlpito para invitar a la oración por el Papa y su futuro sucesor.
Además, en las distintas parroquias y capillas se está desarrollando un Novenario de Oración por el eterno descanso de Juan Pablo II, como es costumbre en estas tierras cuando fallece un familiar o un amigo muy cercano.
El jueves día 7, celebraron un funeral con participación de fieles de los distintos barrios de Caicara, concelebrado por todos los sacerdotes de la Misión, al mismo estilo del que vivimos en la Catedral malagueña.
“Nosotros vemos al Papa Juan Pablo II como el gran misionero del siglo XX y un ejemplo a imitar, no sólo por la encíclica “Redemptoris Missio”, que es extraordinaria, afirman nuestros hermanos misioneros, sino por toda su vida, preocupado por llevar a Jesús y su evangelio por todos los rincones del mundo y confirmar en la fe a los creyentes con su palabra y sobre todo con el testimonio de su vida”.
Uno de los objetivos de todos los planes pastorales que se han organizado en la Diócesis es el de trabajar la comunión entre todos los grupos de la misma. Desde Venezuela sienten que esa comunión es real, y se sienten “apoyados por nuestra diócesis de Málaga, tanto a nivel material como espiritual: prueba de ello es la generosa colecta de la Iglesia malagueña que todos los años realiza para sostener los proyectos generales que se realiza en la Misión. Sentimos también la cercanía de nuestro obispo D. Antonio que nos informa periódicamente de lo que ocurre en nuestra diócesis y de los compañeros que están fuera de Málaga por diversos motivos. Los fieles malagueños, a través de cartas, correos electrónicos y teléfono se interesan por nuestra labor y sentimos su cariño y amistad. También conocemos enfermos que desde su dolor ofrecen su oración y sacrificio a favor de las misiones”.
Este aliento de la diócesis les ayuda a seguir trabajando como obreros en la abundante y extensa mies que sigue reclamando más trabajadores.
